DEL AVATAR SIMBÓLICO A LA REPRESENTACIÓN PLAUSIBLE.
«Y cuando Ibrahim dijo: ¡Señor mío! Déjame ver cómo resucitas lo que está muerto.
Dijo: ¿Acaso no crees?
Dijo: Por supuesto que sí, pero es para que mi corazón se tranquilice.
Dijo: Toma, entonces, cuatro pájaros distintos, córtalos en pedazos y, a continuación, pon un pedazo en cada monte y luego llámalos. Vendrán a ti en el acto.
Y sabe que Allah es Poderoso y Sabio». (Sura 2 [Al-Baqarah] Verso 259)
La naturaleza humana está en un estado de constante movimiento, tratando de aumentar la fe intelectual, descubrir la fe metafísica y reducir su alcance tanto como sea posible en un intento de alcanzar un estado de plena estabilidad. Ésta verdad se describe en el relato coránico del profeta Ibrahim (la paz sea con él) y cómo se esfuerza por alcanzar el máximo grado de certeza y el nivel máximo de fe: la certeza absoluta. Ésta constante glorificación y movimiento no implica una duda en sentido negativo, sinó una búsqueda continua para aumentar y consolidar la fe en el alma, pues la duda es el recipiente de la certeza.
Así recompensamos a los que hacen el bien.
Veamos ahora la escena del pormenor sobre el sacrificio y el cumplimiento de la visión del profeta Ibrahim. ¿Ordenó Allah Todopoderoso a su Profeta que matara a su hijo?
La respuesta a ésta pregunta no es tan sencilla como muchos creen. Para comprender lo sucedido, debemos considerar el estado de la sociedad en aquel entonces, la vida del profeta Ibrahim y la singularidad de su carácter y naturaleza, quienes buscaban constantemente la verdad y conectar con el Creador, para luego acercarse a Él de varias maneras.
El profeta Ibrahim hizo de su mente un vehículo para alcanzar la verdad, y la buscó constantemente hasta encontrarla. Tan pronto como el profeta Ibrahim supo con certeza la existencia del Creador, pasó a otra etapa: la petición del ojo de la certeza, que se resume en su petición a su Señor para que le mostrara cómo resucita a los muertos.
La escena, relativa al sacrificio, es inseparable de éste contexto; es el intento del profeta Ibrahim de acercarse a Allah mediante un sacrificio. ¿Cómo se esforzó? ¿Cómo intentó acercarse a Allah? ¿Cómo le influyeron las costumbres de su sociedad? ¿Y cómo lo guió Allah? Éste es el tema que abordaremos en las siguientes líneas.
La naturaleza del conocimiento: cuando una parte se revela, el buscador pasa a otra en que desea descubrir y comprender sus dimensiones. En los primeros intentos del profeta Ibrahim por conocer al Creador, vemos que usó su intelecto y continuó buscando objetos físicos, como los planetas, la luna y el sol, hasta que concluyó que Allah no puede ser encarnado. Ésta encarnación prevalecía en su época; por lo tanto, continuó buscando al Creador en el ámbito de la encarnación, al igual que su sociedad, hasta que Allah lo guió y emergió de ella con buen juicio y un corazón puro.
En la segunda etapa, parece que la cuestión de la resurrección de los muertos también fue objeto de un gran debate en su sociedad, como lo demuestra lo ocurrido entre él y aquel a quien Allah había otorgado la realeza, quien afirmaba tener la capacidad de resucitar a los muertos. Entonces, el profeta Ibrahim se apartó de éste debate para argumentar que Allah trae el sol desde el este, y entonces, ¿podría el que lo reclama traerlo desde el oeste?
(¿No has considerado a quien discutió con Ibrahim sobre su Señor porque Allah le había dado dominio? Cuando Ibrahim dijo: “Mi Señor es quien da la vida y causa la muerte”, dijo: “Yo doy la vida y causo la muerte”. Ibrahim dijo: “Ciertamente, Allah hace salir el sol por el este, así que hazlo salir por el oeste”. Entonces el incrédulo quedó confundido. Y Allah no guía a la gente inicua.) (Sura 2 [Al-Baqarah] Verso 257)
Ésta escena coránica rebosa de poder intelectual, y algunos podrían argumentar que éste debate no ofrece motivos para que el hombre (a quien Allah le concedió la realeza se asombre). Lo único que ocurrió fue que Ibrahim afirmó que Allah trae el sol del este y le pidió que lo trajera del oeste. ¿Qué habría pasado si el hombre le hubiera dicho que él mismo trae el sol del este, o que la salida del sol por el este no se debe a Allah?
Aquí, el argumento de Ibrahim es perfectamente válido. Tiene un concepto abstracto del Creador: que éste debe gobernar y abarcar todas las cosas. Cuando dijo que Allah trae el sol del este, quiso decir que quien diseñó éste universo lo diseñó para que el sol saliera por el este. Si realmente lo hicieras, entonces cambiaría su dirección. Por lo tanto, el hombre se asombró porque se atribuyó el poder, sólo para ser demostrado como impotente. Ibrahim, (la paz sea con él), no le pidió a Allah que trajera el sol del oeste porque cree que Allah es quien diseñó éste universo de ésta manera abstracta. Si alguien afirmara ser Allah en forma física, tendría que demostrarlo alterando las leyes establecidas del universo.
Todo éste argumento no tenía como objetivo demostrar la existencia de Allah en el sentido moderno del término, sinó más bien refutar la idea de la pretensión de divinidad de aquella persona arrogante.
El concepto de Allah en la mente del profeta Ibrahim era abstracto de un modo sin precedentes, y no exageraría si dijera que aún no hemos alcanzado ese nivel de comprensión.
La idea de Aquel a quien todo retorna finalmente, sin encarnación; la idea del Ser que todo lo posee y gobierna según un sistema preciso y leyes estrictas. Ésta idea está muy alejada de la noción de los argumentos fútiles, el concepto del trono, la antropomorfización de Allah y el discurso teológico primitivo incapaz de alcanzar el nivel de comprensión del profeta Ibrahim, tal y como lo relata el Corán.
El concepto de Allah y su Nombre son conceptos completamente abstractos que describen la fuente última de todas las cosas, y el Corán es una de las dos señales que apuntan a éste concepto. Quienes creen en una razón para la creación o en un orden preciso en el universo están más cerca de comprender la existencia de Allah el Creador, pero simplemente necesitan refinar más su comprensión.
Las concepciones de Allah que tienen las figuras religiosas de todas las religiones, sin excepción, se acercan más a una imagen antropomórfica que al concepto de Allah que tenía el profeta Ibrahim. En resumen, Él es el Creador que ordenó las cosas con total precisión, y creer en Su existencia y en que Él nos exige usar plenamente nuestro intelecto para comprender el misterio, el significado y el propósito de nuestra existencia. Y nosotros estamos tratando de alcanzarlo.
Todos aquellos que rechazaron la razón y se negaron a intentarlo están muy alejados de la religión de Ibrahim, que el Creador Todopoderoso aprobó como el camino sano para llegar a Él.
Ésta escena nos permite vislumbrar el carácter del profeta Ibrahim (la paz sea con él). Buscaba la verdad, y en ésta escena de debate, buscaba la verdad y nada más que la verdad. Le pidió al hombre que presentara pruebas de su afirmación, sin alejarse de él ni decirle que temiera a Allah, por ejemplo, ni inculcarle temor de Allah de ninguna manera. Éste es su carácter único: un buscador de la verdad, ávido de conocimiento con todas sus fuerzas.
Las escenas del Profeta Ibrahim son un claro ejemplo de una interacción acalorada dentro del Profeta Ibrahim, cuyos dos lados son su mente y su certeza por un lado, y lo que prevalece en su sociedad y las ideas de su entorno por el otro lado.
La escena del sacrificio del hijo no puede ser entendida aparte de éste personaje y esas grandes escenas, especialmente porque Allah Todopoderoso no dijo explícitamente en el Libro que Él ordenó a Ibrahim matar a su hijo, y todo lo que vino en ésta escena fue la declaración del Profeta de Allah, Ibrahim, de que vio en un sueño en el que debía matar a su hijo.
Además de las grandes escenas coránicas que ilustran la personalidad del profeta Ibrahim, es necesario comprender la historia de los antiguos sacrificios y su desarrollo, así como la psicología y lo que ésta dice sobre las visiones y los sueños, para comprender cómo vio el profeta Ibrahim la escena del sacrificio. ¿Y por qué Allah lo describió como uno de los justos?
Los antiguos sacrificios y su desarrollo.
Sin duda, ofrecer sacrificios hoy en día no es una idea aceptable, así que ¿qué opinas de la idea de ofrecer sacrificios humanos, considerada un crimen atroz contra la humanidad? Si hubieras vivido en un pasado lejano, quizás la idea de ofrecer sacrificios humanos habría sido aceptable y no repulsiva como la vemos hoy. Ésta aversión a ésta costumbre, (indudablemente creada por el hombre), no habría existido de no ser por el desarrollo cognitivo y moral que envuelve y abarca la vida humana y proyecta su sombra sobre todos sus aspectos.
Hay tres hitos principales para comprender éste desarrollo moral y cognitivo a lo largo de la humanidad, y cómo Allah Todopoderoso cuidó de la humanidad en su etapa primitiva y la guió hasta que alcanzó la madurez que le permitió asumir la plena responsabilidad. El primero de éstos hitos es el sacrificio de los dos hijos de Adán; el segundo, el intento de masacrar al hijo del profeta Ibrahim; y el tercero, la legislación coránica definitiva.
La idea de ofrecer sacrificios en general surgió cuando los humanos asumieron una responsabilidad parcial en la Tierra. Dado que el desarrollo cognitivo no era muy alto, era necesario que los humanos comprendieran los significados abstractos, encarnándolos para que fueran fáciles de entender y de comprender.
Ésta personificación apareció en la historia de Adán y en la historia de comer del árbol, y en la subsiguiente representación de la desobediencia en forma física. La personificación de conceptos abstractos continuó con los dos hijos de Adán cuando ofrecieron un sacrificio; Allah aceptó la ofrenda de uno como señal de obediencia, pero rechazó la del otro como señal de desobediencia. Ésta es la personificación de un concepto abstracto —aceptación y rechazo— en su forma sensorial.
(Y recítales la historia de los dos hijos de Adán, en verdad, cuando ambos ofrecieron un sacrificio [a Allah], y fue aceptado de uno de ellos pero no fue aceptado del otro. Él dijo, “Seguramente te mataré”. Él dijo, “Ciertamente, Allah solo acepta de los justos.”) (Sura 5 [Al-Ma’idah] Verso 29)
Por supuesto, la ofrenda de los dos hijos de Adán no fue humana, sinó material, yá fuera un cultivo o un animal, que cada uno podía presentar a su Señor para obtener su favor. La señal de aceptación o rechazo de ésta obediencia fue el descenso de fuego del cielo que consumió la ofrenda, como afirma el Corán.
Quienes dijeron: «Allah nos ha hecho un pacto de no creer en ningún mensajero hasta que nos traiga una ofrenda que el fuego consumirá», [se dice]: «Antes de mí, llegaron mensajeros con pruebas claras y con lo que has mencionado. ¿Por qué, entonces, los mataste, si es que eres sincero?» (Corán 3:183). De éste noble verso se desprende que la cuestión de ofrecer un sacrificio y el descenso del fuego para consumir éste sacrificio era uno de los rituales establecidos al principio de la humanidad, y el dicho posterior del pueblo de que Allah hizo un pacto con ellos, de que no debían creer en un profeta hasta que les trajera un sacrificio que el fuego consumiera, explica y detalla por qué el ritual del sacrificio era uno de los rituales establecidos y reconocidos al principio de la humanidad. Al mismo tiempo, podemos entender del propio verso que el ritual de los sacrificios había terminado en ese momento, como dice el verso. La gente se sorprendió de que el mensajero no viniera con el ritual habitual. La razón del fin del ritual de los sacrificios sólo puede entenderse mediante el desarrollo del conocimiento humano. Sus capacidades mentales habían avanzado un poco, y yá no existía la necesidad apremiante de encarnar éstos conceptos de una manera tan tangible y extensa. La gente de esa época poseía la capacidad intelectual para discernir si alguien era digno del mensaje o simplemente era un impostor y mentiroso.
No se dispone de mucha información sobre el período posterior al fin de los rituales sacrificiales y el fuego que descendió del cielo para consumir las ofrendas, salvo el relato del sacrificio de Ibrahim sobre su hijo. Aunque todo parece claro, no hay problema en utilizar la evidencia científica de excavaciones e inscripciones para comprender lo que sucedió después.
Una de las pruebas creíbles sobre el tema de los sacrificios humanos está en un sitio arqueológico llamado (Tufa) en Túnez en la ciudad de Cartago, donde en el año 1921 d.C., durante las operaciones de unas excavaciones, se descubrió un grupo de vasijas de cerámica, que contenían cenizas y huesos de niños pequeños, así como restos de animales, lo que indica que los habitantes de ésta ciudad practicaban la costumbre de ofrecer sacrificios humanos, ofreciendo sacrificios al fuego.
Parece que el final del ritual sacrificial no satisfizo al hombre antiguo, o pensó que Allah estaba enojado, por lo que el hombre trató de imitar éste ritual y crear un ritual similar que lo satisficiera y le hiciera sentir que todavía estaba en compañía de Allah.
Por supuesto, el hombre no se dio cuenta de que el fin del ritual de los sacrificios era una necesidad del desarrollo cognitivo, y que el hombre había progresado a un nivel superior y se le exigía confiar más en su mente y en la lógica.
El asunto se ha deteriorado debido al extremismo humano; se trataba simplemente de ofrecer sacrificios no humanos con fuego que descendía del cielo para consumir el sacrificio, luego pasó a ofrecer sacrificios humanos y crear un fuego humano para consumir éste sacrificio, en una forma que imitaba el ritual básico. Pero todo ésto, sólo fue un intento de apaciguar, debido a la creencia de que Allah se enojó con ellos cuando el fuego dejó de descender y los rituales sacrificiales concluyeron. Ésta necesidad los llevó a inventar templos, crear hogueras y ofrecerles sacrificios. Parece que inicialmente se trataba de sacrificios no humanos, pero como es propio de los humanos, cuando la emoción los domina en lugar de la razón, comenzaron a surgir otras formas de sacrificio; en un esfuerzo por acercarse a Allah y declarar obediencia y sumisión. En consecuencia, los sacrificios humanos surgieron como un resultado natural de éste extremismo humano.
Durante las excavaciones en el yacimiento tunecino de Tufa, los investigadores encontraron lápidas, una de las cuales registraba las sumas de dinero pagadas por alguien para comprar niños y ofrecerlos como sacrificios a los dioses, y en otra lápida mostraba cómo un padre estaba orgulloso de ofrecer a su hijo como sacrificio a los dioses.
La historia de los sacrificios, especialmente los sacrificios humanos, está presente en muchas civilizaciones, y la civilización faraónica es testigo de ello a través de la llamada Novia del Nilo. Una joven fue arrojada al Nilo para complacer a los dioses y que éste rebosara de abundancia. Aunque investigadores de diversas partes del mundo se preguntan cómo comenzó la historia de los sacrificios humanos, cómo se originó y cuáles fueron sus motivos y razones, el Sagrado Corán nos revela la verdad sobre su origen y cómo la gente distorsionó éste significado y le imprimió su huella, hasta llegar a la violencia y la crueldad.
Regresemos a la época del profeta Ibrahim, que parece haber sido una sociedad que ofrecía sacrificios humanos. En un ambiente tan impregnado de tradición humana, el profeta Ibrahim no se desligó de su realidad; más bien, siempre se esforzó por alcanzar la verdad y se esforzó en la investigación y la precisión para lograr más. Como mencionamos, el profeta Ibrahim representa el conocimiento independiente y la capacidad humana única de alcanzar al Creador mediante procesos mentales altamente sofisticados. Ésta insistencia en alcanzar al Creador, alcanzar el estado de certeza absoluta y, posteriormente, esforzarse por complacerlo, sólo puede lograrse por alguien descrito como poseedor de excelencia (ihsan). Ésto significa esforzarse al máximo para alcanzar la verdad y actuar conforme a ella. Esforzarse y perseverar en la búsqueda con sinceridad, independientemente del resultado, es la excelencia en su sentido más noble. El Corán menciona ésta historia del sacrificio en el versículo de la Sura As-Saffat:
(Y cuando llegó a la edad de trabajar con él, dijo: «¡Oh, hijo mío! He visto en sueños que debo sacrificarte, mira qué piensas». Dijo: «¡Oh, padre mío! Haz lo que se te ordena. Me encontrarás, si Allah quiere, entre los pacientes».) (Sura 37 [As-Saffat] Verso 102).
El profeta Ibrahim no dijo en ningún momento que Allah le había ordenado hacerlo; simplemente vio en un sueño que estaba sacrificando a su hijo. Las visiones en el Corán aparecen en dos lugares:
La primera posición: Una escena propia del profeta José, que es una revelación del futuro a través de ciertos símbolos, y la comprensión de éste tipo de visión que indica el futuro, y su relación con las potencias del alma.
El segundo aspecto se relaciona con las necesidades del individuo y es un reflejo de su interacción psicológica con el presente, que es lo que el Corán expresó ésto cuando nos contó la historia del profeta Ibrahim.
Éste segundo tipo fue expresado por el famoso psicólogo austriaco Sigmund Freud, así como por Carl Jung. Freud creía que las personas a menudo sueñan con lo que desean, y afirmó que las visiones o los sueños están llenos de significados ocultos. Creía que cada pensamiento y acción se origina en lo más profundo de nuestra mente.
Ésta interpretación es en gran medida aceptable; porque considerando al profeta Ibrahim y su personalidad única, y el estado de la sociedad en la que vivía, que consideraba los sacrificios una forma de acercarse a Allah, así como el texto de los versículos coránicos que no afirman definitivamente que Allah ordenara al profeta Ibrahim sacrificar, entenderemos por qué el profeta Ibrahim vio éste asunto en un estado de obediencia y devoción a Allah, pero con un matiz puramente humano. La prueba concluyente de que el sacrificio no fue una orden divina, sinó una reacción psicológica del profeta Ibrahim, es que le presentó el asunto a su hijo, diciéndole: «Oh, hijo mío, mira lo que piensas». ¿Crees que Allah le daría a su profeta una orden clara y explícita, y que luego éste iría a presentarle el asunto a su hijo y le pediría su opinión? Si fuera una orden, le habría dicho: «Allah me ha ordenado sacrificarte», y se habría quedado ahí. No le habría dicho: «Mira lo que piensas», buscando su consejo y su reacción.
La respuesta del hijo refleja el estado de la sociedad en aquel entonces y su visión general del sacrificio. Como mencionamos, ofrecer un sacrificio es simplemente una forma de obediencia que los humanos realizan según su entendimiento para agradar a Allah. Cuando el hijo respondió: «Haz lo que se te ha ordenado», sabía que su padre no lo sacrificaría arbitrariamente, sinó por una razón específica. El hijo no dijo: «Haz lo que Allah te ordena», sinó: «Haz lo que se te ha ordenado», dando a entender que había una razón que su padre quería cumplir. Ésto no significa que hubiera una orden directa de Allah para sacrificarlo. Los siguientes versos continúan ésta gran historia:
(Y cuando ambos se sometieron [a Allah], y él lo recostó sobre su frente, lo llamamos: “¡Oh Ibrahim! Has cumplido la visión”. En verdad, así recompensamos a los que hacen el bien. En verdad, ésta fue una prueba clara. Y lo rescatamos con un gran rescate. Y dejamos para él [mención favorable] entre las generaciones posteriores. La paz sea con Ibrahim. Así recompensamos a los que hacen el bien.) (Sura As-Saffat)
Cuando se sometieron, es decir, cuando cada uno se sometió a lo que creía, el profeta Ibrahim creyó que ésto significaba acercarse a Allah y obedecerle, por lo que se sometió por completo y se decidió a hacerlo. De igual manera, su hijo creyó que ésta obediencia era solo por una razón específica, yá que su padre no emprendería un asunto tan importante a menos que fuera por una gran necesidad.
Cuando todo estuvo listo para el sacrificio, la divina providencia intervino, proclamando: «La visión se ha cumplido», no dijo «Has obedecido la orden». Más bien, significaba: «Tu deseo interior de acercarte a Allah se ha cumplido, al igual que tu acción exterior». Ésta es la esencia misma de la verdad. Ésta fue la forma más alta de verdad, una perfecta armonía entre el ser interior y el exterior, cuando deseó sacrificar a su hijo a Allah, algo sumamente difícil de soportar para el alma; pues era un hijo, ¡y qué hijo!
Éste incidente fue sin duda una prueba evidente, pero siempre debemos detenernos ante las palabras coránicas. Nuestro Señor no mencionó que Él, el Exaltado, lo afligiera o lo pusiera a prueba. Más bien, la expresión «Ésta es, en verdad, una prueba evidente» se refiere a la decisión del Profeta de Allah, Ibrahim, de sacrificar a su hijo en obediencia a su Señor, como era común y practicado en aquella época. Se impuso el acto de acercarse a Allah ofreciéndole a su hijo. Aquí vemos la gran intervención divina para rectificar a la humanidad y corregir su rumbo.
Ésta gran escena es una declaración del Creador, y una misericordia para la humanidad que se ha desviado en el asunto de ofrecer sacrificios, y una declaración final rechazando éste tipo de sacrificio, de hecho, es una declaración de que el nombre de sacrificio ha sido cambiado al nombre de matanza, y si el sacrificio fue ofrecido a Allah, entonces ahora han ofrecido una matanza de seres no humanos, y dejan de lado el asunto de los sacrificios.
Parece que éste tipo de sacrificio no era beneficioso para los humanos, yá que no podían comer la carne ni aprovechar las pieles. Ésta tradición de ofrecer sacrificios persistió, y como es propio de la naturaleza humana, se desvió una vez más, ofreciéndose sacrificios sobre los ídolos que representaban a dioses desde su perspectiva, donde los animales eran sacrificados. Se colocaban así sobre las piedras sin que ello suponga ningún beneficio real.
El mandato divino llegó de nuevo en el Libro de Allah para concluir ésta era y dar la última palabra sobre los sacrificios y las ofrendas: que las personas los mantuvieran entre sí, pues Allah no necesita ni su sangre ni su carne. El sacrificio o las ofrendas, de los que nadie se beneficia, se transformaron en lo que se llama la ofrenda, para que las personas se beneficien de ellas e intercambien regalos, convirtiéndose en una forma de apoyo mutuo y misericordia.
Y os hemos designado los camellos de sacrificio entre los símbolos de Allah; en ello hay bien para vosotros. Así que mencionad el nombre de Allah sobre ellos cuando estén en hilera [para el sacrificio]; y cuando se hayan postrado [tras la matanza], comed de ellos y alimentad a los necesitados y a los pobres. Así os los hemos sometido para que seáis agradecidos. Ni su carne ni su sangre llegan a Allah, sinó que lo que llega a Él es vuestra piedad. Así os los hemos sometido para que glorifiquéis a Allah por lo que habéis hecho por vosotros mismos. Él os ha guiado y ha dado buenas nuevas a los que hacen el bien. (Sura 22 [Al-Hajj] Versos 34-35).
Así, finalmente se corrió el telón definitivo sobre la cuestión de los sacrificios y vimos cómo se produjo la extraña transformación de los sacrificios en animales sacrificados, para luego terminar en la ofrenda, lo que sólo puede explicarse en el marco del desarrollo cognitivo y moral del hombre.
Si la tarea principal de la evolución biológica es preparar físicamente a éste ser humano para que esté listo para asumir las responsabilidades que se le imponen, entonces también lo es la evolución cognitiva, que culmina en el Sagrado Corán revelado al Mensajero de Allah, Muhammad, (que la paz y las oraciones de Allah sean con él); preparando a éste ser humano para que llegue a ser lo suficientemente maduro intelectualmente para asumir la responsabilidad y realizar el concepto coránico maduro de servidumbre.
Te proporcionaré de lo que no sabes.
Después de explicar las fuentes del conocimiento comparando la posición de Adán, (la paz sea con él), y la posición de su hijo con respecto a la desobediencia, y después de analizar un aspecto del desarrollo cognitivo comparando la ofrenda, el sacrificio y el regalo, y después de analizar algunas situaciones de la vida del profeta Ibrahim, intentaremos rastrear las historias coránicas para comprender las etapas de la civilización humana, el surgimiento y el auge de la civilización humana examinando los diálogos entre los profetas y su pueblo. Éstas son escenas exquisitas del Sagrado Corán que nos ofrecen una vía gratuita para comprender el desarrollo intelectual de la humanidad, piedra angular de la civilización humana.
La primera etapa: Adán, (la paz sea con él).
El Sagrado Corán no registra ningún diálogo entre Adán y sus contemporáneos, ni siquiera entre su esposa o sus hijos. Sólo encontramos un diálogo entre los dos hijos de Adán cuando ofrecieron el sacrificio. Hemos dicho sobre lo primitiva que era la vida; no existía conocimiento antes de la aparición del lenguaje. Tan pronto como Adán pudo expresar nombres, y con el nacimiento de la conciencia humana, vimos cómo se formó el primer conocimiento, que fue el de enterrar a los muertos, a manos de uno de sus hijos.
No encontramos mención en el Corán de las características de ésta etapa, que parece haber sido en gran parte primitiva, carente de desarrollo urbano, edificaciones o manifestaciones de civilización. Con el paso del tiempo, observaremos, a través de las narraciones coránicas y la acumulación de conocimiento, cómo comenzaron a surgir y desarrollarse los rasgos de la civilización humana. Cada profeta trajo consigo un conjunto de descripciones qué, al rastrearlas, nos permiten comprender el estado de la sociedad humana en aquel entonces.
La segunda etapa: el profeta Noé.
Del contexto coránico se desprende que la era del profeta Noé es la más cercana a la de Adán (la paz sea con él). Podemos observar los aspectos más destacados de ésta era a través de los versos coránicos que relatan parte de la vida del profeta Noé. El diálogo que tuvo lugar entre él y su pueblo, y las numerosas escenas del Libro de Allah que podemos discernir en las Suras Al-A'raf, Ash-Shu'ara y Nuh, que nos informan sobre algunos detalles de éste período.
El profeta Noé no impuso rituales, transacciones ni obligaciones morales específicas a su pueblo. Todo lo que el profeta Noé le pidió fue creer en la unicidad de Allah, reconocer su existencia y obedecerlo, obedeciendo al profeta Noé como profeta. No había obligaciones ni responsabilidades complejas; más bien, era un asunto sencillo y un requisito muy claro y fácil de cumplir.
(Enviamos a Noé a su pueblo, y él dijo: “¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra deidad que Él. En verdad, temo por vosotros el castigo de un Día terrible.”) (Sura 7 [Al-A’raf] Verso 58)
Los nobles versos de la Sura Ash-Shu'ara enfatizan la idea de conocer a Allah y la repiten repitiendo las palabras de Allah (Temed a Allah y obedecedme) de forma sencilla y directa, sin entrar en detalles. El profeta Noé intentaba transmitir el mensaje divino a su pueblo de forma sencilla y con una repetición continua para que lo recuerden.
Cuando su hermano Noé les dijo: «¿No temerán a Allah? En verdad, soy para ustedes un mensajero fiel. Así que teman a Allah y obedézcanme. Y no les pido pago alguno por ello; mi pago proviene solo del Señor de los mundos. Así que teman a Allah y obedézcanme». (Sura 26 [Ash-Shu'ara] Versos 106-110)
La comprensión de la simplicidad del mensaje traído por el profeta Noé no se puede comprender plenamente excepto comparando los mensajes sucesivos; por lo tanto, notaremos el desarrollo del discurso y las expresiones, a medida que la humanidad se desarrolló y progresó a través de los mensajes llevados por los profetas y mensajeros en eras sucesivas.
Continuando con los versículos de la Sura Ash-Shu'ara, encontramos que el pueblo del Profeta Noé, a pesar de la simplicidad de su mensaje, no lo aceptó. Lo rechazaron sin la más mínima discusión lógica, en un claro ejemplo de estrechez de mira intelectual. Lo único que sucedió fue que amenazaron e intimidaron al Profeta Noé, exigiéndole que cesara en su misión. Ofrecieron un argumento extremadamente ingenuo y superficial: ¿cómo podían creer en él cuando solo la clase más baja, los débiles y los más despreciables, habían creído en él? No hubo diálogo sobre el mensaje ni su contenido; más bien, la primitividad de su pensamiento quedó patente en sus justificaciones y su rechazo.
Dijeron: «¿Creeremos en ti cuando te han seguido los más bajos de los hombres?» Él dijo: «¿Y qué conocimiento tengo de lo que solían hacer?» Su ajuste de cuentas es solo ante mi Señor, si pudieras comprenderlo. Y no soy yo quien expulsa a los creyentes. Solo soy un claro advertidor. (Dijeron: «Si no desistes, oh Noé, serás de los que serán apedreados». Dijo: «Señor mío, en verdad mi pueblo me ha negado». (Sura Ash-Shu'ara: Versos 111-117).
En la Sura Nuh también encontramos la confirmación de la simplicidad y facilidad del mensaje con el que Allah envió a Su Profeta.
(Enviamos a Noé a su pueblo, [diciendo]: “Advierte a tu pueblo antes de que les llegue un castigo doloroso”. (Dijo: “¡Oh, pueblo mío! Yo soy para vosotros un amonestador claro. [diciendo]: “Adorad a Allah, temedle y obedecedme”. (Sura 71 [Nuh] Versos (1-3)).
Éste mensaje, simple en su esencia -pero profundo en su contenido-, fue el objetivo directo del mensaje del profeta Noé a un pueblo que parecía encontrarse en una etapa muy primitiva de desarrollo humano. Ésta primitividad queda ilustrada por los versos que explican cómo el pueblo respondió al profeta Noé y cómo abordó el mensaje.
El pueblo no pidió pruebas ni evidencias de lo que su hermano Noé les pedía, ni abordó éste asunto. Pedir pruebas y evidencias de algo es evidencia del progreso de las mentes, a diferencia de las mentes que rechazan cualquier idea, incluso sin que se les ocurra pedirlas.
(Los jefes de su pueblo dijeron: «En verdad, os vemos en un error manifiesto». Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! No hay error en mí, sinó que soy un mensajero del Señor de los mundos. Os transmito los mensajes de mi Señor y os aconsejo, y sé de Allah lo que vosotros no sabéis. ¿O os maravilláis de que os haya llegado un recordatorio de vuestro Señor a través de un hombre de entre vosotros para advertiros y para que temáis a Allah y tal vez obtengáis misericordia?» Pero lo negaron, así que lo salvamos a él y a los que estaban con él en la nave, y ahogamos a los que negaron Nuestros signos. En verdad, eran un pueblo ciego. (Sura 7 [Al-A’raf] Versos (60-64).
Los continuos intentos del profeta Noé por transmitir el sencillo mensaje a su pueblo, basado únicamente en la unicidad de Allah y el reconocimiento de su existencia, fueron destrozados por aquellas mentes primitivas que se negaron a considerar la idea, y ni siquiera se les ocurrió pedir pruebas. Éstas mentes rechazaron la idea sin ningún sentido de responsabilidad, acusando a su portador de estar equivocado y hasta de ser un mentiroso.
Aún sufrimos por éste tipo de mentalidades, y el impacto de todos esos años no ha cambiado en absoluto su estructura intelectual. Se les ve rechazar la idea, mentir sobre su dueño y acusarlo de estar equivocado, sin que se les ocurra investigar el asunto, pedir aclaraciones o llegar a comprender.
Veremos cómo el discurso cambió con los sucesivos pueblos y cómo las mentes progresaron gradualmente con cada diálogo entre un profeta y su pueblo. Nuestra era moderna lleva consigo todos éstos patrones intelectuales que representan los períodos históricos narrados por el Corán a través de las mejores historias. El más degenerado y primitivo de éstos patrones es el que corresponde al pueblo de Noé, que rechazó la idea de plano, acusando a su portador de mentir y extraviarse.
(Pero mi llamado sólo aumentó su aversión. Y de hecho, cada vez que los llamaba a tu perdón, se tapaban los oídos con los dedos.)
Se cubrieron con sus vestiduras y persistieron y fueron arrogantes con gran arrogancia. (Sura Nuh: Versos 6-7).
Éste noble verso demuestra cómo éstas mentes primitivas procesaron el mensaje simple. Ni siquiera se dieron la oportunidad de comprender lo que decía el Profeta; en cambio, reaccionaron con excesiva terquedad e ignorancia. Se taparon los oídos y se negaron a considerarlo desde una perspectiva diferente. Éste tipo de pensamiento es incapaz de aprender debido a su limitada capacidad intelectual y, de hecho, es un peligro para la humanidad debido a su falsa convicción del conocimiento y su arrogante creencia en poseer la verdad.
La respuesta divina a éstos modelos fue devastadora, pues el mayor acto de venganza y liquidación que nos ha alcanzado a lo largo de la historia fue contra tales modelos mediante un diluvio despiadado que los arrancó de raíz y los arrojó al basurero de la historia.
Ceder a la tradición predominante sin ningún intento real de conocimiento, tener una confianza excesiva en lo que dijeron los predecesores sin evidencia real y rechazar cualquier intento crítico basado en evidencia y prueba, es de hecho un suicidio intelectual y una muerte cerebral, destinado a ser erradicado y ahogado en un diluvio de ignorancia.
Si la etapa de Adán y sus contemporáneos es muy similar a la etapa de un niño pequeño en el comienzo de aprender a hablar y organizar frases cortas, entonces la etapa del profeta Noé y su pueblo es muy similar a la siguiente etapa de la infancia, a partir de los tres años, que se caracteriza por la terquedad, la rebelión, el hacer cosas sin un propósito y el rechazo constante sin tener una justificación real.
Parece que el desarraigo de éste pueblo se debió al endurecimiento de sus mentes, a su rechazo del conocimiento y a su insistencia o terquedad en sus creencias. Si el conocimiento cesa y sus habitantes se creen satisfechos, su supervivencia se vuelve inútil y su desaparición, cuestión de tiempo, nada más.
Si el patrón intelectual de la humanidad en la era del profeta Noé era -como hemos visto-, ¿cuál era entonces el patrón de vida en aquel entonces? Ésta forma de vida puede imaginarse a través del diálogo del profeta Noé con su pueblo y la forma en que los persuadió, al ofrecer ejemplos del entorno en el que él y su pueblo vivieron.
El profeta Noé demuestra la existencia de su Señor mediante el ejemplo de la creación de los cielos, la luna y el sol, y mediante el ejemplo de la creación de la tierra y su expansión ante ellos. Ésta es una imagen simple de la vida, sin ninguna mención del desarrollo urbano, la agricultura ni ningún aspecto de la civilización tal y como la conocemos. Al examinar la historia del profeta Noé en el Corán, no encontramos mención alguna de actividad civilizadora, a diferencia de lo que ocurrió en épocas posteriores a manos de los profetas que vinieron después de él.
(¿Qué os pasa que no esperáis de Allah dignidad alguna siendo así que os ha creado por etapas? ¿No veis cómo Allah ha creado siete cielos en capas e hizo de la luna una luz en ellos y del sol una lámpara? Y Allah os ha hecho crecer de la tierra un crecimiento [progresivo]. Luego os devolverá a ella y os hará surgir [en el Día de la Resurrección] un [nuevo] renacimiento. Y Allah ha hecho para vosotros la tierra una alfombra para que podáis recorrer en ella amplios senderos. (Sura Nuh: Versos 13-20).
Assalamo Aleikum.