SOBRE LOS SERES HUMANOS.
Los seres humanos son una presencia real y tangible en éste universo; de hecho, forman parte de un mundo externo. Son seres de horizontes lejanos, pues el mundo los contiene y ellos contienen el mundo. El mundo es un compañero necesario para su existencia, y así, la inmensidad de sus horizontes y su extensión inherente constituyen su medio para escapar de sus limitaciones y finitud. Para ellos, el mundo es el escenario temporal y espacial, es la plataforma en donde se manifiestan sus acciones y sus diversas energías cognitivas, volitivas y emocionales. El mundo, con sus dimensiones infinitas y su vasta extensión, carece de valor sin percepción y voluntad; es decir, sin la humanidad, que corona su energía vital y le confiere todo significado y esplendor. La percepción libera a la humanidad de la esclavitud del momento presente, abriendo una vasta ventana a través de la cual pueden contemplar el pasado y el futuro, trascendiendo así los estrechos límites de la existencia presente. Al hacerlo, abarcan el universo temporal y espacialmente, y su visión abarca el mundo entero: lo realizado, lo potencialmente real e incluso lo irrealizado.
La humanidad se ha encontrado en un mundo ajeno a ella, esforzándose constantemente por comprenderlo, por cuestionar su esencia y por definir su relación con él a través del conocimiento, que determina su lugar dentro de éste mundo y revela su visión del mismo.
El conocimiento, por su propia naturaleza, se fundamenta en la consciencia. Es el punto de partida para disipar la ilusión, para ver la verdad desnuda, para penetrar más allá de la superficie y para la búsqueda activa, crítica y positiva de la verdad. Así, la humanidad siempre está cuestionando, y éste cuestionamiento es prueba de su singular existencia y ser. Ser significa encontrarse a uno mismo, profundizar, crecer, fluir, amar, trascender la prisión del "yo aislado", ser apasionado, atento y generoso. Significa comprender, pues la comprensión es la existencia misma en el mundo, es la manifestación del mundo para uno mismo.
Descubriendo su horizonte.
Así, la existencia del hombre era necesaria para conocer la verdad de la Existencia Absoluta. El hombre existe en el mundo a través de su presencia física, pues el cuerpo es el lugar de la relación del yo con el mundo; es nuestro yo, nuestro ego natural y nuestro cuerpo personal; es el espejo de nuestra existencia y nuestra conexión esencial con el mundo. Es nuestro medio de conexión con el mundo, nuestro modo de existencia, la expresión de nuestra presencia y la realización de nuestro libre albedrío; es nuestro camino hacia la libertad; es un vehículo o entidad dinámica con múltiples significados y funciones, que piensa y duda, niega y afirma, sabe y es ignorante, ama y odia, imagina y siente, desea y se abstiene; piensa y es consciente de sí mismo; es el conocimiento del yo sobre sí mismo y la afirmación de su existencia. Es el vínculo entre el pasado y el presente; es lo que le confiamos para descubrir el mundo. Es lo que puede trascender distancias, penetrar el futuro e inscribir dimensiones y espacios en la densa y ambigua superficie de la existencia, otorgando así a sujetos sin sentido una existencia con significado significativos. El cuerpo es, en cierto sentido, la esencia misma de mi ser. Sientes que el yo es este órgano que estás cuidando, lo aprecias en cierto sentido y le proporcionas nutrición, calor y protección. Dedicas una parte significativa de tú vida para cuidar el cuerpo, para preservar la existencia, para defenderlo y protegerlo de enfermedades, dolores y males. Lo que llamas mi "yo" o "mi ser" es, en parte, ese "cuerpo" particular que estás habitando con un alojamiento y del que no te puedes desprender salvo al morir. Decir "soy la esencia misma de mi cuerpo" significa que tú conciencia del cuerpo es, en cierto sentido, el núcleo de la conciencia de mi yo. Y mi "yo" es la suma de las sensaciones, emociones, pasiones, placeres, alegrías y bendiciones, etc.
La responsabilidad para contigo mismo es aquella responsabilidad que recae sobre los hombros como ser personificado que tiene un cuerpo a través del cual se manifiesta a los demás y a través del cual se expresa en el corazón del mundo de los demás.
El cuerpo es el alojamiento del yo, dándole la forma por la cual se le conoce. Una persona no puede separarse de su cuerpo; es el cuerpo el que le otorga la profundidad y la sensibilidad de su ser en el mundo. Es esa estructura simbólica que contiene significados ocultos, secretos y misterios expresados a través de movimientos y gestos. Define la presencia de una persona en relación con los demás; es lo que define al individuo y lo distingue de los demás y del mundo mismo. Conecta a la persona con las energías visibles e invisibles del mundo. La esencia de un ser humano puede resumirse como el ser en quien el alma y el cuerpo se unen en una unión esencial, nunca accidental. El alma es la otra cara del cuerpo, su rostro espiritual invisible, mientras que el cuerpo es el rostro físico y visible del alma.
El cuerpo vive dentro de un marco espaciotemporal que necesariamente lo arrastra hacia la corriente de la aniquilación. La sensación del cuerpo se intensifica cuando se ve afectado por una enfermedad o amenazado por la extinción.
La eficacia transformadora del tiempo. Ésta sensación puede llegar al punto de desvanecerse y liberarse de la cautividad y trascendencia del cuerpo cuando alcanza la cúspide de la existencia y la alegría, la salud y el bienestar. Algunas veces hemos dicho que las acciones del cuerpo se manifiestan en las experiencias de dolor y placer. El dolor aleja a la persona de su mundo, la encierra en sí misma y la aparta de su ámbito de interés. Convierte al cuerpo en otro ser, una entidad ajena a la persona, al tiempo que la aprisiona dentro de él y la aísla del presente.
<De forma permanente, la respuesta del cuerpo logra una experiencia vital de placer y plenitud, lo que la hace más poderosa y más capaces de progresar hacia el mundo.>
La existencia humana es en realidad existencia en el mundo, existencial con los demás, y la autoconciencia y la corporeidad del yo se alcanzan mediante su liberación del marco del yo singular y la conciencia del otro como existente en el mundo y conectado a su cuerpo, su conciencia en un círculo fuera del círculo de la jurisdicción del yo, es decir, la existencia de un yo que percibe el mundo que el yo percibe. La relación del yo con el otro es una relación de existencia a través de su ser con un cuerpo, así qué, eres consciente del otro y lo percibes porque lo tocas y lo ves, y lo escuchas a través de los órganos sensoriales y te comunicas con él a través del lenguaje que solo se realiza a través de los órganos del habla. La existencia con los demás presupone la existencia del cuerpo humano para que la comunicación se realice, así que el otro es conciencia y existencia para sí mismo que percibe el mundo tal y como el yo lo percibe. Si percibimos el cuerpo del otro como un todo, no es una cosa, es esa otra persona.
El cuerpo del yo es un objeto en relación con el otro, y el cuerpo del otro es un objeto en relación con el yo. Cuando el otro me mira, me percibo como objeto de su mirada. Tú cuerpo existe no sólo como un punto de vista que posees, sinó también como un punto de vista qué, de hecho, cuestiona otros puntos de vista que no puedes adoptar. Tú cuerpo se escapa por todos lados, lo que te lleva a alienarte de él. Así, la existencia humana es esencialmente una existencia colectiva en la naturaleza para verse a uno mismo.
El yo.. significa sustancia, sujeto y es una verdad de la existencia; es el ser humano en su conjunto, como agente intelectual, emocional y cognitivo, el ser humano es un ser vivo y cambiante, una entidad consciente que se expresa en todas sus actividades. Se gestiona a sí mismo y alcanza la autorrealización a través de éstas actividades, su unidad y su sentido de sí mismo. El yo es una conciencia y una existencia que percibe el mundo.
Dhuh al-Rammah nos ofrece una visión de sí mismo y del hombre de su tiempo. El ser humano (el yo/el otro) ocupaba un lugar importante en el horizonte de su conciencia poética, y se preocupaba por su construcción espiritual, intelectual y física. Absorbió al ser humano como apariencia y ser, y la conciencia de su profundidad espiritual, por un lado, y su extensión espaciotemporal, por otro. Siguió sus movimientos espaciales que contenían el universo, y su crecimiento, considerado origen en su extensión e infinitud. Él pudo reconocer al hombre como un ser consciente de sí mismo que prevé su fin con la muerte. Es parte de la naturaleza, y al mismo tiempo está separado de ella. Ésta separación lo impulsa a partir de lo conocido y/a transitar hacia lo desconocido para descubrir, aprender y explicar por sí mismo el secreto de su existencia.
El poeta nos presenta una visión de sí mismo a través de sí mismo y mediante la trascendencia personal. Es un hombre errante, vagabundo, que recorre el mundo del espíritu. No posee tierra, ni estabilidad, ni siquiera un hogar confortable como los demás. No está apegado a ninguna forma de existencia estable. Todo en su naturaleza es dinámico, inquieto y de espíritu rebelde: es un hombre visionario (del fin del mundo). Es conocedor sobre todo, del destino del viajero y del rebelde. Vivió en una época que heredó el legado de dos periodos, y su vida transcurrió entre ellos. Sus acontecimientos se entrelazaron en sus pensamientos e influyeron en su desarrollo poético, cultural y psicológico, dando como resultado una nueva personalidad, una visión distintiva y un surgimiento singularmente marcado. Fue testigo de divisiones tribales, luchas de clases y emergencias políticas. Las guerras y los conflictos que siguieron ocuparon una parte significativa de la mentalidad omeya, pero ésto no impidió el surgimiento de ideas que trascendieron los límites de su tiempo hacia otras épocas más inmediatas. El poeta no era ajeno a ésto, como lo han descrito algunos poetas del período omeya. Dhuh al-Rammah abordó la humanidad, su temporalidad y su destino a través de la investigación, la contemplación y la reflexión. Quizás lo primero que llama la atención de éste poeta es su apodo, al-Rammah, que se convirtió en su nombre dominante e influyó en su vida y su poesía. La palabra "al-Rammah" aparece en un verso que describe una estaca de una tienda de campaña, donde dice:
"Los vestigios están algo desaliñados".. aunque quizás no describe tanto la estaca como a sí mismo. Ésta estaca se ha deshilachado por los repetidos golpes de las piedras y se ha debilitado, de modo que no queda nada de ella salvo el trozo de cuerda que cuelga de ella. Se siente víctima y oprimido. El dolor, los cambios y las vicisitudes del tiempo lo han esquilmado, y lo que era nuevo se ha vuelto viejo y desgastado. Se lo escribieron cuando era pequeño, -en un trozo de cuero grueso y se lo ataron a su mano izquierda con una cuerda negra porque le daba miedo la noche- formó una parte importante de su vida. Proviene de fuentes místicas vinculadas a la poesía y la tradición que se practicaba en los tiempos preislámicos, y con un significado espiritual en el Islam. Atarle a la muñeca una pulsera de cuero era una práctica que buscaba la entrega de la persona a su Señor, reconociendo que no se pertenece a sí misma, era como una ofrenda de recordatorio. Se creía en aquel tiempo, que la pulsera alejaba las fuerzas envidiosas, codiciosas y dañinas.
Ésto parece ser lo que sentía el poeta, y se menciona en muchos relatos sobre él que muestran que era un joven devoto, sincero en su fe, que oraba con devoción y humildad. Solía decir: «Cuando un siervo se presenta ante Allah, es verdaderamente digno de humildad» También se menciona que cuando terminaba de recitar su poesía decía: “Por Allah, que te sorprenderé con algo que nunca esperaste: Gloria a Allah, y alabado sea Allah, y no hay más dios que Allah, y Allah es el más grande”. Así afirma su adhesión a su fe y religión al defender los límites y las leyes de Allah, diciendo: “No he acusado falsamente a una mujer casta y creyente, (alabado sea Allah), de un pecado que merece un castigo severo”. Evita los pecados mayores que merecen castigo, y que seas cauteloso con ellos, pero no acuses falsamente a las mujeres castas. Él se mantuvo firme en sus oraciones, incluso cuando viajaba, y no las abandonó. Dijo:
Un joven llevaba ocho camellos y en su silla dormía, rezando la oración del viajero, pues rezaba dos rak'ahs porque estaba de viaje.
Ésto se evidencia en su estilo de poesía, pues creía en la inevitabilidad de la muerte y no temía enfrentarla.. incluso cuando se le presentó uno de esos seres penetrantes y desaliñados que andan por las tierras.
Él era consciente de su muerte inminente, consciente de su destino, de que la muerte es para todo ser humano. Pero cuando llega, elige y selecciona. Es el principio, no el fin. Cuando una persona es consciente de su muerte, es plenamente consciente de sí misma. Mientras ésta conciencia de la muerte sea profunda y abarcadora, el yo se encuentra sin otra opción que correr contra su propia muerte inminente: aquello que aún está por venir, o más precisamente, aquello que vive dentro de él y le da vida. Así, se alcanza la cúspide de su ser y su identidad original. Ser consciente de la propia muerte significa sentirse aislado de todo. Para una persona, morir significa aislamiento absoluto, romper todo vínculo con el mundo... La muerte pone fin al diálogo de la humanidad con el mundo objetivo. Ésta es la visión de la muerte que el poeta evoca en su conciencia. Su yo trasciende la muerte, y se pregunta cuándo se descompondrá, se desvanecerá y se convertirá en la nada en la inmensidad del tiempo, como en una carrera contra la muerte. Cuanto más sabe el hombre mundano más incapaz es de desearla o anhelarla, por lo que pide la muerte, que lo levantará sobre sus manos. Es una afirmación de su ser y su riqueza existencial frente al poder de la muerte, y la penetración del ser en el tiempo y su victoria sobre él y el logro de la salvación para el hombre. Dice: ¿Cuándo el tiempo, que devuelve a la juventud a su comienzo, o cuándo sus vicisitudes me dispersarán? El poeta comprende la eficacia del tiempo, sus vicisitudes, su corriente rápida y su rotación que lo lleva todo hacia su destino inevitable: la muerte, precedida por el nacimiento, el crecimiento, la adultez y la vejez, que lo devuelve a su comienzo como un niño en su plenitud, para luego proceder a su aniquilación. Es un sentimiento de ansiedad ante la opresión del tiempo y la traición de la vida. La ansiedad es lo que nos revela la naturaleza de nuestra existencia como seres finitos destinados a la muerte. Y el hombre no solo es el único ser que sabe que es mortal, sinó también el único que incorpora la muerte en la esencia misma de su ser. Su ansiedad lo impulsa a confrontar su muerte, una muerte velada por un profundo deseo de vivir. La voluntad de morir y la voluntad de vivir son como dos caras de la misma moneda, cada una absorbiendo a la otra. Su búsqueda de la muerte es su manera de liberar la energía latente de la vida. Pero es la vida la que marcha hacia la aniquilación y la muerte, como si comenzara desde una suelta donde nada termina y en nada, dice: "No, por Aquel que origina y restaura..
Allah es digno de alabanza y glorificación".
Lo que precede al tiempo señalado es una promesa de un Señor que es fiel a su promesa.
Yá no tengo sed, y Allah está más cerca de mí que mi propia vena yugular.
Y la muerte encuentra las almas de los testigos.
Juro por el (Iniciador) y el (Restaurador) que lo inician todo y lo restauran a su estado original.
Es una visión de la inevitabilidad de su tiempo señalado y su fe en su destino escrito, que se cumplirá sin aumentar ni disminuir. Es una sumisión al destino de la que no hay escapatoria, pues su muerte es conocida por el Creador incluso antes de que suceda, aunque es desconocida para él y para el resto de la humanidad. Más bien, la muerte lo alcanza dondequiera que esté, pues está expuesto al Creador, y está más cerca de él que su vena yugular. Conoce cada latido en su interior y lo que su alma susurra. Es una visión de la insignificancia del hombre y su debilidad ante el poder y la grandeza de Allah.
El poeta enfatiza la naturaleza confusa del mundo, pues es un juego y una diversión sin ningún beneficio, y todo conduce a la aniquilación y la extinción:
"Las noches de jolgorio me reconfortan, y las disfruto como si estuviera inmerso en un juego". No creo que el tiempo pueda jamás desgastar la novedad, ni dividir a un pueblo en dos. Ésta es la vida en su comienzo.. juego y frivolidad, liberación de las restricciones y tradiciones, aferrándose a ellas como encarnadas en la continuidad del movimiento (denominado "huelga"). Es la despreocupación que comienza con la vida, por lo que el hombre ignora el destino del universo y su propio destino. Es la existencia que comienza con la dicha del ser, pues la vida en su primera semilla es la dicha del juego, una sensación de seguridad y despreocupación. Luego comienza la hostilidad del mundo, y nuestros sueños defensivos y agresivos vienen después. Está en conflicto con el tiempo, que ha jugado con él como antes jugó con las ruinas, de modo que él y las ruinas se han convertido en uno. El tiempo, en el que una vez confió, ahora lo teme. Lo ha cambiado todo, incluso al hombre. Lo que una vez estuvo unido se ha dispersado, y lo que estaba presente se ha desvanecido. Es una sensación de miedo a la vejez y la decadencia, un miedo a la pérdida y a la falta del hogar.
Lo vemos decir en otro lugar, habiéndose convencido de la fragilidad e impermanencia de la vida: "Deja de lado el recuerdo de una vida que ha pasado y que no volverá".
Solíamos recorrer éste mundo como la sombra de una enredadera.
Él es plenamente consciente de la futilidad de aferrarse al pasado y negar el regreso de la vida que una vez vivió. El tiempo no retrocede; siempre avanza. La verdad innegable es la muerte y la transitoriedad de todo. El tiempo, es como un río, continúa fluyendo; corre dentro de nosotros y a nuestro alrededor, como una hoja que se marchita, como una flor. Es la sensación del devenir, arrastrado por su corriente, el yo fluyendo en el tiempo como un arroyo, un arroyo que sentimos fluir fuera de nosotros, algo separado de nosotros mismos. Sin embargo, somos capaces de desapegarnos mentalmente de él y, en última instancia, liberarnos de su dominio a través de la aniquilación y la desaparición, lo que confirma nuestra falta de plenitud. Su mundo es frágil, no es constante como una sombra: delicado, frágil, engañoso y fugaz, imposible de comprender o en el que encontrar refugio.
El carácter errante de la respuesta se manifiesta de forma singular en su poesía, pues el viaje ocupa gran parte de su vida. De hecho, su vida pudo haber sido un viaje continuo hacia lo desconocido. Su viaje no está claramente definido, hacia un mundo que a menudo le genera hostilidad. El miedo lo persigue, el aburrimiento perturba su estabilidad y los desiertos lo envuelven en su búsqueda de la nada. En el viaje alcanza su libertad, su aislamiento, su distanciamiento de los demás, del ciudadano. Se encuentra en constante movimiento e inestabilidad, descubriendo lo desconocido y buscando lo fútil, la liberación de la tiranía del lugar y un deseo de renovación y renacimiento. Dice: "Y una noche como la noche de la visión, la traje con cuatro, y la persona en el ojo es una, y un avaro, desaliñado y noble.
El hermano del apartamento lo trajo él mismo el desierto.
En el tejado, incluso su cuadro está embrujado".
Siempre está viajando, ¿pero adónde? Su respuesta son los desiertos errantes a través de tierras para alcanzar su meta. Ha trascendido los límites de la vida cotidiana para alcanzar la elevación espiritual. Ha recorrido todas éstas distancias lejanas y peligros desconocidos, arrojándose al riesgo para alcanzar su objetivo desconocido. Se aventura, busca y avanza, procediendo sin mirar atrás, ni a derecha o izquierda. No se detiene, no regresa, y no le importa. Persigue lo desconocido como el agua que fluye.. parte del principio del movimiento en el universo, del devenir, no del ser. El que va, el que viaja, no tiene tiempo para asentarse, para ser. Los efectos de su partida han comenzado a ser evidentes en su cuerpo y alma. Sus viajes lo han cambiado en lo intelectual, espiritual y físicamente. Su cuerpo se ha enredado en la tarea de la existencia en el mundo, lo que lo ha colocado en una temporalidad de expectativa e imprevisibilidad. Siempre se encuentra al borde de la sorpresa. Aquí está, atravesando una noche negra, cuyas capas se cierran unas sobre otras como los bordes de un manto, o más bien, parece verde en su negrura, plegada y larga, cubriéndolo todo y ocultando muchas cosas tras ella. La noche se ha convertido en su manto, su cobertura, su velo y su vida, después de convertirse en su silla de montar negra y su espada blanca -una afirmación de las contradicciones de la existencia- y su noble camello, cuya blancura se tiñe de rojo, símbolo del vigor, juventud, frescura y vida. Y con ellos está el desaliñado, lleno de preocupaciones evidentes en su cuerpo y cabeza, hasta que todos se convierten en una sola cosa a la vista, de hecho, en una sola persona. Su ser se ha fundido en todo ésto y se ha convertido en uno con ello. La vida y la muerte se han entrelazado en su visión de la existencia. En su viaje, ha trascendido su tiempo real a un tiempo infinito y mítico. Las noches que ha atravesado, no son como todas las noches de los demás.
Hermano de polaridad:
<No te compares con los demás en términos de santidad, valía, rectitud, merecimiento, infalibilidad ante el pecado, etc., porque todos éstos son solamente conceptos humanos, y Allah no está limitado por los conceptos humanos.>
Assalamo Aleikum.