Assalamo aleikum.

.

martes, 7 de abril de 2026

EL MERCADO DE LA DIGNIDAD.(Historias)

EL MERCADO DE LA DIGNIDAD.
(Historias)
Aquel mercado se llamaba "Al-Karama", y es como si se estuviera burlando de sí mismo o como si alguien hubiera escrito el nombre en un momento de burla impregnado por la amargura de la historia, en la que nada se asemeja a la dignidad -salvo en los rostros de aquellos que caminan con vergüenza- como si se disculparan tímidamente ante el aire por estar vivos. Caminan como sombras entre callejones estrechos, sin hacer ningún ruido y sin tocar la luz más de lo necesario, como si hubieran sido creados para retirarse sin ser vistos. En la esquina oeste del mercado, donde el olor al carbón quemado es aliñado por la carne, se entremezcla con las migas de jabón barato, el aliento atascado pasa por la garganta los días esfumados que se encuentran en la sudorosa frente de cualquier anciano.

Aquella tienda era como la palma de una mano contra la muralla de la ciudad, pequeña.. Pero es evidente su resistencia ante la erosión.
Sus viejos espejos.. agrietados, reflejan los rostros más veraces de las pantallas de la ciudad.
Suleiman.. No era solo un barbero, era una hoja refinada en manos de un hombre que no fue creado para la matanza, sinó para la belleza. Él sostiene las tijeras como un poeta sostiene su pluma. Cada pelo que cae.. Es como si se le resbalara de la cabeza. Y cada cliente que pasa por las tijeras, es con una mirada de lástima que deja una cicatriz en su interior que no sanará hasta que vuelva la noche. Se mueve lentamente alrededor de la silla el barbero. Se acerca con su mano, y sus ojos, con su caja de herramientas (que él abre) como si abriera un libro sagrado. Él no solo corta el pelo, sinó que elimina un dolor que ha crecido en la cabeza desde la infancia. Con cada cabello que se corta, se corta con él una vieja pregunta: ¿Por qué nosotros y no otros?, ¿Por qué las tijeras no nos elevan?.
Suleiman.. no era barbero por casualidad; era ingeniero industrial, graduado de una universidad remota que parecía un faro de esperanza. Fue el primero de su barrio en ingresar y el último en creer que el futuro no preguntaría nunca por tu apellido. Pero en el momento en que cruzó las puertas de la universidad, que se topó con una pregunta que nunca se hacía en los exámenes: ¿De quién eres hijo?, ¿Cuál es tu profesión?, ¿A qué se dedica tu padre?. Su sueño se hizo añicos. Cayó al suelo. Y las tijeras lo esperaban.
Cortaba el pelo con la misma musicalidad, como si estuviera tocando las cuerdas del exilio.
Detrás de él, suena una música silenciosa en el interior, sólo el ritmo de la repetición hacen un eco.
La eterna pregunta que aún perdura en la memoria de éste mercado: ¿Quién tiene derecho para alzar la cabeza?.
Suleiman.. no habla mucho. Pero en su interior, hay un llanto incesante. Cada noche se dice a sí mismo: "A veces, la vida te da unas alas y luego te entrega a un mercado que las corta por ti.. hebra por hebra".

En un instante fugaz, tras atender a su último cliente, apaga el ventilador que emite un sonido como de llanto, limpia las tijeras como quien limpia su pasado, cierra su tienda.. y se adentra en el mercado que llora en silencio. El mercado no duerme, pero tampoco sueña.
En éste lugar, está prohibido compartir sueños después del atardecer.
Pero detrás de esos espejos agrietados, y a través de cada mechón de pelo caído se estaba gestando una pequeña revolución.. silenciosamente, con las tijeras y con un corazón que yá no soportaba que le raparan la cabeza cada noche.. sólo porque no tenía un nombre brillante.
En el otro rincón del mercado.. Salem pasaba con una mirada que no veía a nadie, pero que preparaba a todos para el gran silencio que se avecinaba. Algo.. comenzó a tomar forma bajo la superficie. No toda la maldad se manifiesta abiertamente.. algunas se mueven al margen de las palabras, vistiendo su traje meticulosamente y perfeccionando la sonrisa como si fuera un sello oficial.

En un mercado donde el barbero es azotado por su sueño y el carnicero Salem es juzgado por su linaje, el dolor tuvo que pasar por la gran puerta, la puerta de los hombres que no alzan la voz.. porque sus nombres completan la conversación sobre ellos.
Y aquí entra Salem.. no como un verdugo, sinó como una elegante fachada para generar una corrupción cuya sangre no aparece en las imágenes.