LA ESPOSA DEL INTELECTO.
(Breve)
Lo que se quiere decir, es que el Cálamo inscribe a todas las criaturas en la Tabla. Las criaturas del universo son, pues, hijos del Cálamo y de la Tabla. A menudo la Tabla no sólo se entiende como femenina en relación con el Intelecto sinó que también se designa como masculina en relación con el siguiente nivel inferior del universo. Cada nivel sucesivo de descenso, desde Allah hacia el mundo, es femenino en relación con lo que lo precede y masculino en relación con lo que le sigue. El resultado final de éste modo de ver las cosas es que se ven a todas las criaturas simultáneamente como masculinas y como femeninas, según los atributos y relaciones que tengamos en cuenta al hablar de ellas.
Las enseñanzas psicológicas del Islam, que son descripciones del microcosmos o ser humano en correcto funcionamiento, también emplean imágenes masculinas y femeninas para describir la naturaleza del ser humano. Se entiende, que el ser o alma consta de varios niveles, cada uno de los cuales tiene una relación adecuada con los demás. Se la suele describir como una estructura vertical que refleja la estructura vertical del macrocosmos. El nivel más elevado del alma es el intelecto humano, que es la imagen reflejada del Primer Intelecto. Lo primero que Allah creó en los seres humanos fue el intelecto, y cuando lo hizo, lo creó con atributos angélicos, que le están sometidos por naturaleza. En el Islam se dice a menudo: que el intelecto sólo puede alcanzar su propia perfección y reconocerse verdaderamente así mismos si la oculta luz de su propia esencia fluye desde el centro y vence a su oscuridad.
La luz es, en resumen, la naturaleza esencial del intelecto o del corazón humano. Ésta luz es consciente y despierta. Es la misma luz de la cuál, según el Profeta, (s.a.w.s.), fueron creados los Ángeles. Nuestra verdadera «iluminación consiste en reconocer que la luz está brillando en nuestro interior. Tenemos que llegar a saber -que la luz que nos permite conocer- no es otra que la luz de Allah. Sólo entonces podemos reconocer a nuestro Señor, que no es sólo la fuente de esa luz brillante, sinó que es idéntico a esa luz.
Otro famoso dicho profético puede aclarar la naturaleza de la luz que el Profeta (s.a.w.s.) pidió al Señor que brillara sobre él. Es el dicho que explica lo que sucede cuando el servidor de nuevo es el servidor del Señor- cumple todos los deberes de la servidumbre reconociendo su propia servidumbre respecto a Allah. Cuando el servidor se acerca a Allah practicando como Allah le ha pedido que practique, ésto llama el amor de Allah. En ese Hadiz el Profeta, (s.a.w.s.), dice que Allah dice: «Cuando amo a mi servidor, Yo soy el oído con el que oye, soy la vista con la que ve, soy la mano con la que prende y soy el pie con el que camina».
Recordemos que el que pronuncia éstas palabras es «la Luz de los cielos y de la tierra». Cuando Allah ama a su servidor, el servidor está infundido de la luz de Allah. Cuando Allah infunde a su servidor con su amorosa luz, el servidor oye con la luz de Allah, ve con la luz de Allah, camina en la luz de Allah y prende con la luz de Allah.
No hay que imaginar que «la luz» sólo es eso que ilumina los ojos, la mente y el corazón. La luz es una conciencia viva que se infunde en el ser entero del servidor produciendo una transformación total. Como nos recuerda Ibn Arabi: "Si no fuera por la luz no se percibiria nada en absoluto [...] Los nombres de la luz son diversos los nombres porque están vinculados y establecidos para las facultades. La gente común los ve como si fueran los nombres de las facultades, pero los que reconocen las cosas los
ven como nombres de la luz por la cual se produce la percepción".
Cuando se perciben sonidos se llama a esa luz «oir». Cuando se perciben visiones se llama a esa luz «ver». Cuando se perciben objetos con el tacto se llama a esa luz «tacto».
Ya se ha dicho, que en el Islam las cosas se entienden mediante sus opuestos. Alguna vez se ha dicho algo (en el blog) sobre el opuesto del principio femenino para explicar que la feminidad se conceptualiza como el principio de receptividad y consentimiento. Sin embargo, para explicar la naturaleza de las mujeres de luz debemos pensar en el opuesto de la luz, que es la oscuridad. «La Luz» es Allah, la inteligencia, la conciencia y la fuente de toda percepción y comprensión. Se sigue de ello que la oscuridad es la ausencia de Allah, la ausencia de inteligencia y la ausencia de percepción y comprensión. No obstante, nada puede carecer completamente de éstas cualidades, yá que en ese caso no existiria. Ésto significa que el único opuesto de Allah es el propio no ser, que no existe. Por tanto, Allah no tiene opuesto. En otras palabras: no hay «oscuridad absoluta»; pero si hay «luz absoluta», que es Allah.
Aunque no haya oscuridad absoluta, sigue habiendo mucha «oscuridad relativa». Todos nosotros experimentamos alguna oscuridad relativa la mayor parte del tiempo. Se trata de la ignorancia, la inadvertencia, la inconsciencia, la estupidez, la fealdad y el mal, que son tan obvios en el mundo.
¿Qué puede significar entonces hablar de mujeres de la oscuridad? En términos íslámicos consistiría en hablar sobre el principio de receptividad y consentimiento no aplicado a su lugar adecuado. La receptividad a la luz es buena, pero la receptividad a la oscuridad es la fuente de toda ignorancia y fealdad.
No quiero insinuar con ésto, que el pensamiento islámico entiende el factor femenino como principio necesariamente luminoso. Es luminoso en esencia, pero puede pervertirse y oscurecerse. Del mismo modo, el principio masculino también es esencialmente luminoso, pero también puede pervertirse y distorsionarse.
Assalamo Aleikum.