Assalamo aleikum.

.

jueves, 7 de mayo de 2026

NUESTRO PUNTO SOBRE EL IHLAS (Sinceridad).

NUESTRO PUNTO SOBRE EL IHLAS (Sinceridad).
Existen numerosos versículos del Corán y hadices sobre la importancia y la necesidad de la sinceridad (ikhlas). Todos ellos enfatizan que nuestras acciones deben realizarse únicamente para complacer a Allah, sin esperar medallas, alabanzas ni reconocimiento, y que nada más debe de mezclarse con nuestra adoración y obras. Es común que algunas personas caigan en un grave error al considerarse superiores a quienes son inferiores en conocimiento, obras y fuerza, debido a las cualidades superiores que ellos perciben en sí mismos. Sin embargo, no debemos olvidar que ésta actitud es errónea y que muchos éxitos de las sociedades se deben a la ayuda que reciben de Allah, pero sólo a través de las oraciones, la sinceridad y la adoración que realizan éstas personas consideradas como débiles.

En esencia, la sinceridad (ikhlas) es uno de los secretos de Allah Todopoderoso. Su afirmación: «Encomiendo [mis obras] al corazón del siervo a quien amo», es digna de mención. Por lo tanto, es muy difícil, incluso imposible, poseer sinceridad sin ser digno del amor de Allah. Cuando un siervo posee sinceridad, aunque sus obras sean pocas, son suficientes. Por ejemplo, un diamante o un rubí, (por pequeño que sea), tiene un valor inmenso. Así como unos pocos rubíes bastan para la vida y el linaje de una persona, así también lo hace la sinceridad. Aunque sea pequeña, su valor es muy alto. La cantidad de obras no importa; lo que importa es que la obra realizada sea digna de aceptación ante los ojos de Allah Todopoderoso.

Es bien sabido que las obras desprovistas de sinceridad no son aceptables para Allah. Por lo tanto, para alcanzar la sinceridad, uno debe esforzarse por realizar obras con sinceridad durante al menos cuarenta días, según las indicaciones del Corán y los Hadices; entonces la fuente de su sabiduría se manifestará del corazón a la lengua. Por ésta razón, nuestros mayores organizaban períodos de cuarenta días de dedicación absoluta y hasta de reclusión e intentaban ayudar a sus discípulos a alcanzar ésta sinceridad mediante diversas formas de recuerdo (dhikr) y ascetismo. Pues se ha afirmado que las obras desprovistas de sinceridad no benefician a quienes las realizan. Por ejemplo, se ha dicho en numerosas ocasiones que aquellos que se jactan de su conocimiento y buscan alabanzas; aquellos que se jactan de sus buenas obras y buscan medallas; aquellos que se jactan de su heroísmo en la guerra y buscan glorificación, y así se convierten en mártires, no obtienen ni obtendrán nada por ésta ostentación.

Érase una vez, en tiempos preislámicos, un hombre piadoso que deseaba cortar un árbol venerado por la gente y así liberarlos de ésta costumbre perversa y falsa. Tomó su hacha y emprendió el camino. En el camino, Satanás, (que Allah lo maldiga), se le apareció e intentó impedirle cortar el árbol, pero no lo logró. Finalmente, lucharon, y al final, el hombre piadoso derrotó a Satanás y lo sometió. Desconsolado, Satanás intentó entonces hacer las paces con él, diciendo: «Eres un hombre pobre, apenas puedes llegar a fin de mes. Te daré tres dinares cada día; podrás comer y alimentar a otros, y ayudar a los necesitados. De ésta manera, ganarás méritos, serás amado por todos y serás alabado». Con diversas palabras engañosas y atractivas, logró engañar al hombre piadoso e hicieron las paces. En efecto, le trajo el dinero durante unos días, y el hombre piadoso estaba muy contento. Pero al cabo de un tiempo, el dinero dejó de llegar. El hombre devoto tomó de nuevo su hacha y fue a cortar el árbol. Se encontró de nuevo con Satanás en el camino. Tras muchas discusiones y riñas, la situación degeneró en una pelea. Pero ésta vez, el devoto fue derrotado por Satanás. Desconsolado, el hombre le preguntó: «La última vez te vencí fácilmente. ¿Por qué me has vencido ahora?». Satanás maldito respondió: «Antes, tu viaje (misión) era por Allah, pero ahora lo es sólo por dinero y cosas mundanas; esa es la diferencia».
-Me pareció interesante ésta historia, y pensé que era apropiado el compartirla con ustedes para que analicen ese ejemplo. 
Que Allah Todopoderoso nos haga a todos entre sus siervos sinceros, Amin.

Solo los siervos sinceros de Allah pueden salvarse del mal de éste demonio. Por ésta razón, el hermano Moasin al-Hort, (que su secreto sea santificado), frotaba las manos contra las piedras y se decía a sí mismo: «Hay que ser sincero para poder salvarte».. pues tocaba impurezas constantemente por su trabajo habitual.

Yaqub al-Makfuf, (que su secreto sea santificado), dijo: «Una persona sincera tiene que ocultar tanto sus buenas como sus malas acciones y purificarse».

Umar ibn al-Khattab (que Allah esté complacido con él), en una carta a Abu Musa al-Ash'ari (que Allah esté complacido con él), dijo: «Para aquel cuya intención es pura, Allah Todopoderoso le basta en todo asunto entre él y los demás». De igual modo, algunos santos de Allah, en las cartas a sus amigos, dijeron: «Que vuestras intenciones sean puras en vuestras acciones. Aunque vuestras acciones voluntarias sean pocas, os bastarán. Mantener intenciones puras es muy importante. La acción más difícil e intensa es tener intenciones puras». Así como las acciones de aquellos con intenciones puras son puras, también lo son las acciones de aquellos con las intenciones corruptas que están contaminadas».

Y Mu'adh (que Allah esté complacido con él) dijo: "La sinceridad es una de las recompensas de las buenas obras".
«La sinceridad significa que las obras están libres de defectos e impurezas, así como la leche es pura e incontaminada, libre de sangre y suciedad. En efecto, algunos dicen que dos rak'ahs de oración realizadas con sinceridad en un lugar desierto son mejores para ti que 700 Hadices cuyas cadenas de narradores están escritas juntas. El conocimiento es la semilla, las obras son la siembra y la sinceridad es el riego».

Si Allah no ama a un siervo y le guarda rencor, le concede tres cosas y le niega tres.
1. Se relaciona con gente justa, pero no es aceptado por ellos.
2. Él le brinda la oportunidad de hacer buenas obras, pero las priva de sinceridad.
3. Se le da sabiduría, pero no es fiel a ella.
Por lo tanto, lo que Allah Todopoderoso desea de Sus criaturas en su adoración no es otra cosa que sinceridad. Porque la sinceridad, sin duda, atrae y guía a quienes la poseen hacia las mejores obras.

Todas las acciones se fundamentan en dos pilares: las bendiciones que Allah te ha concedido y lo que haces por Allah. Si Allah Todopoderoso se complace con tus obras, sin duda es fruto de tu sinceridad. Tu felicidad y honor en ambos mundos, dependen de éstos dos puntos estratégicos.

La esencia de la sinceridad.
Así como la leche se purifica y se mantiene pura al filtrarla de la sangre y las impurezas del animal -lo que se denomina "leche pura"-, si se le añade algo, pierde su pureza. Lo mismo ocurre con otras cosas. Por ejemplo, ¿no sucede lo mismo con las grasas? La adoración también es así. Cualquier acto de adoración realizado únicamente con la intención de acercarse a Allah, de una manera que Le agrade, se denomina "adoración pura". De lo contrario, si éstos actos de adoración se realizan esperando alabanza y admiración de Su creación, o con la intención de complacerlo, entonces se ha perdido toda sinceridad y se ha cometido un acto hipócrita, lo cual es absolutamente inaceptable. La adoración que una persona realiza debe ser compatible con la humanidad y el Islam. No hay bien en la adoración realizada para complacer a otros, salvo por el agrado de Allah. Porque Allah Todopoderoso es consciente y conoce todas nuestras acciones internas y externas. Los actos de adoración y otras buenas obras realizadas para complacer a otros no son aceptables. En el lenguaje de las Escrituras, a éstos se les llama hipócritas, y tienen cuatro nombres. En el Día del Juicio, serán llamados por éstos nombres: «¡Oh hipócrita, oh engañador, oh politeísta, oh incrédulo!»

<Que Allah nos proteja, Amin.>

Por ejemplo, si nuestras acciones están motivadas por otras intenciones o propósitos, entonces eso es hipocresía. 

Carece de sinceridad. 
Ayunar para aliviar el estómago, rezar para vencer el sueño, realizar el Hajj para mantener la salud, liberar a un esclavo malhumorado para escapar de su daño, buscar el conocimiento por el bien de la riqueza, o realizar acciones con el deseo de ser respetado o superior entre los propios iguales, o con la esperanza de preservar la riqueza y las posesiones mediante el conocimiento; o servir a los eruditos con la intención de ganarse su respeto; o realizar la ablución o el ghusl sólo para refrescarse; o visitar a los enfermos con la intención de ser visitado uno mismo; o asistir a un funeral con la misma intención. En ninguna de éstas acciones, ni en otras de éste estilo, realizadas para que la gente diga: "¡Qué buena persona es!", es posible encontrar la sinceridad deseada. Cualquier placer o bendición, yá sea mundana o del más Allá, que complazca al ego en mayor o menor grado, está lejos de ser sincero. El ser humano jamás podrá estar libre del placer, quizás incluso de muchos. Por ello, se dice que las obras realizadas por amor a Allah, que están libres de éstos placeres y deseos, aunque sea por un instante, conducen a la salvación. Ésto depende únicamente del dominio del amor a Allah en esa persona. Pues éste amor proviene de Allah.. y cuando Allah ama a alguien, sin duda le corresponderá con amor. El grado de sinceridad es directamente proporcional al grado de éste amor. Por lo tanto, ama a Allah profundamente para que tus obras sean sinceras.

La intención de una persona al comer, dormir y descansar -si come solamente lo necesario y esencial para obtener fuerzas para la adoración, y si duerme y descansa para asegurar esas fuerzas- se considera un acto de adoración según su intención. Las acciones y la adoración de aquellos afortunados, en quienes prevalece el amor a Allah y a la otra vida, se realizan con sinceridad. Por el contrario, la sinceridad es muy rara entre quienes se dejan llevar por el amor al mundo y están muy obsesionados con el poder de sus manos, egocentrismo y suciedades.

Por lo tanto, la cura para la sinceridad consiste en eliminar los placeres del ego, los deseos mundanos y la codicia, y desapegarse por completo de los otros placeres pasajeros, teniendo presente el amor a Allah y la vida después de la muerte, las visiones del más Allá y la presencia divina. La sinceridad, en sí misma, tiene muchas sutilezas. Creo que será más fácil explicarla con un ejemplo, yá que muchas personas se consideran sinceras a sí mismas y a sus acciones sin experimentarlas realmente.
-Mirar, hay una historia sobre un hombre que rezó en la primera fila de una mezquita durante treinta años. Pero un día, debió llegar un poco tarde, porque no encontró sitio en la primera fila y se vio obligado a rezar en la segunda. En ese momento, sintió vergüenza y pudor, pensando: «Hoy la congregación me vio en la segunda fila». Se dio cuenta de que sus oraciones en la primera fila le proporcionaban paz interior y consuelo, pero en secreto obstaculizaban su sinceridad. Así que compensó esos treinta años de oraciones. En resumen, la gente se dará cuenta en el Día del Juicio de que muchos de los actos de adoración y las buenas obras que realizaron carecían de sinceridad y no recibieron una recompensa, y ni siquiera se dieron cuenta.

La mayoría de éstas tentaciones se observan más entre los eruditos que entre la gente común, y éstos son los eruditos mundanos que solamente piensan en las cosas de éste mundo. Debido a que disfrutan de su supuesta superioridad al difundir su conocimiento, y debido a la gran cantidad de personas que se sientan en sus corrillos o porque se dirigen a una clase más ilustrada, se vuelven arrogantes y se dejan engañar por su sentido del honor y el prestigio, y por el favor que les muestra la gente. Conscientes o inconscientemente, caen en la trampa de Satanás, (que Allah lo maldiga). Se consideran sinceros sin haberse puesto a prueba. Sin embargo, si otro erudito viniera a enseñar en su lugar, jamás estarían de acuerdo. Incluso pelean y arman un escándalo. Porque Satanás les dice: "Éste hombre os quitará vuestras buenas obras, porque muchas personas se beneficiaron de ustedes de muchas maneras. Por supuesto, sus buenas obras habrían quedado registradas en su libro. Pero ahora se ven privados de ellas". De ésta forma, intenta engañarlos y desviarlos. Si el objetivo de ésta persona es servir a Allah y a la gente de inmediato, en lugar de agradecerle, pensando: "Ahora ésta persona realizará éste servicio y me dará un respiro", pelean y arman un gran alboroto. La envidia, el odio, la codicia y la avaricia lo trastornan todo. Éstos comportamientos desagradables se observan con frecuencia en algunos hafiz (memorizadores del Corán) que recitan el Corán. Si nuestro objetivo al adquirir conocimiento y posteriormente es la complacencia de Allah, y no nos importa el favor ni la aprobación de la gente, entonces, quienquiera que enseñe o se dedique a predicar, no nos tenemos que molestar en absoluto, no pelearemos ni armaremos un escándalo, sinó que estaremos complacidos y felices, e incluso les daremos las gracias por su ayuda.

Si el principal motivo para memorizar el Corán y estudiar la jurisprudencia islámica es el beneficio mundano, entonces, lejos de esperar recompensa alguna en el más Allá, no aportará ningún provecho ni siquiera a éste mundo. Casi igual sucede con todos los objetivos que son para un beneficio personal. Aunque afirmen que están trabajando para la Ummah, no les presten atención. El carácter de una persona se refleja en sus acciones, y nada más.

<Para una persona, reconocer sus propias acciones y su sinceridad indica arrogancia, que es una de las aflicciones. Sin embargo, la sinceridad se manifiesta sólo después de liberarse de todas las aflicciones.>

Sahl (que Allah esté complacido con él) dijo acerca de la sinceridad: "Las acciones y la quietud del siervo deben ser únicamente para Allah Todopoderoso".

Ibrahim ibn Adham, (que su secreto sea santificado), dijo: "La sinceridad hacia Allah es lo más difícil, intenso y desafiante para uno mismo".

H. Ruveym, (que su secreto sea santificado), dijo: "El dueño no debe tener ningún deseo ni anhelo por el trabajo y las acciones que realiza, yá sea en éste mundo o en el más Allá".

Por lo tanto, no debe haber ni amor por el paraíso ni temor al infierno; en cambio, debe buscarse siempre el agrado de Allah. Pues en el paraíso existe el deseo de satisfacer ciertos placeres carnales. De igual modo, en el infierno se teme al tormento. Sin embargo, el mayor tormento es estar lejos de Allah y estar privados de Él.

Todas las acciones humanas están impulsadas por el placer y el destino. Es decir, no actúan en vano; deben tener un anhelo profundo y, tarde o temprano, actúan en pos de él. Por lo tanto, tu deseo y destino deben ser únicamente para el agrado de Allah. ¿Podría haber un deseo y un destino mayores que el deleite del conocimiento divino y la contemplación de la belleza de Allah Todopoderoso? Por consiguiente, éstas personas grandiosas y afortunadas jamás cambiarían su devoción, sus oraciones, su testimonio y su perseverancia ante el Señor de los Mundos por ningún placer de éste mundo o del más Allá. Por ésta razón, muchos desprecian y desdeñan todas las bendiciones del Paraíso. Pues todas sus acciones y actos de adoración están ligados solamente al placer. Sin embargo, otros tienen todo su placer para  únicamente con Su Señor y para Su agrado. No tienen otros deseos ni anhelos. Porque todo deseo y anhelo tiene un límite, una frontera. Pero el testimonio de Allah Todopoderoso, aunque uno no pueda mirarlo a la cara, no se puede intercambiar por nada más y no tiene igual.

Que Allah, en Su Gracia y generosidad, nos acepte entre sus afortunados siervos que son bendecidos con éstas alegrías de paz y testimonio, Amin.

<Las obras sinceras son aquellas que Satanás no puede conocer ni corromper, y ni siquiera los ángeles puedan escribir.>

Se ha dicho al respecto: «Quien tenga amor y deseo por ostentar un liderazgo, su adoración no será sincera».

Al-Junayd (que Allah tenga misericordia de él) dijo: "La sinceridad es la purificación de las obras de las penas y las impurezas".

Al-Fudayl (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Abandonar las buenas obras por temor a la gente es hipocresía, y hacer buenas obras por el bien de la gente es politeísmo. No se puede alcanzar la sinceridad a menos que uno se libere de ambas». Y sus últimas palabras fueron: «La sinceridad es una contemplación constante, olvidando todos los placeres mundanos». 

El primer Hadiz del primer volumen del libro de Hadices titulado "et-Terghib ve't-terhib" trata sobre la sinceridad. Allí se encuentra un Hadiz bastante extenso narrado por Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), principalmente por Bujari y Muslim, pero también por Nasai y otros. Intentaré explicarlo de forma abreviada. Es el siguiente:
-Érase una vez, tres amigos que emprendieron un viaje por una razón. Pero quedaron atrapados en una violenta tormenta y buscaron refugio en una cueva cercana. Sin embargo, debido a la intensidad del temporal, una enorme roca, arrastrada por la crecida, se desprendió y bloqueó la entrada de la cueva. Ante ésta situación, las pobres almas perdieron toda esperanza de salvación y comenzaron a orar a Allah. Uno de ellos hizo una sugerencia: «Ahora nuestra salvación depende de la gracia y la misericordia de nuestro Señor. Por lo tanto, oremos cada uno a Allah, utilizando como medio alguna buena acción que hayamos realizado en el pasado y que le haya agradado. Si Allah quiere, nuestro Señor no dejará sin recompensa éstas buenas intenciones y nos salvará de ésta calamidad». Ésta sugerencia fue aceptada por los demás, y comenzaron a actuar.

Uno de ellos relata el siguiente incidente: «¡Oh, Señor! Como sabes, mis padres eran ancianos. Todos los días, primero les daba de comer y los acostaba, y luego alimentaba a mis hijos. Un día, mientras cortaba un árbol, llegué un poco tarde. Al llegar, vi que mi madre y mi padre estaban dormidos. No pude despertarlos. Me quedé a su lado toda la noche con el cuenco de leche en la mano. Durante ese tiempo, mis hijos se quejaban y lloraban a mis pies, suplicando por su leche. Pero, como era mi costumbre, no quise darles de comer antes que a mi madre y a mi padre. No presté atención a sus llantos hasta que se despertaron solos y bebieron su leche. Finalmente, se despertaron, bebieron su leche y saciaron su hambre. ¡Oh, Señor! Si ésta acción mía te es agradable y te complace, entonces sálvanos de aquí».
Gracias a ésta plegaria aceptada, aunque la enorme roca se ha abierto un poco, todavía es imposible salir.

El otro pasajero comienza: «¡Oh, Señor! Mi tío tenía una hija, y yo la amaba mucho. Le pedí su mano en matrimonio en repetidas ocasiones, pero siempre me rechazó. Un año hubo una gran hambruna, y dependieron de mí. Así que le di 120 dinares con la condición de que se entregara a mí. Justo cuando estábamos a punto de cumplir nuestro acuerdo, la hija de mi tío se volvió hacia mí y me dijo: “No te está permitido romper este vínculo sin el matrimonio. Solo se puede hacer mediante el matrimonio”. Así qué, sólo por tu amor, me abstuve de cometer tal pecado. Perdoné el dinero que le había dado y abandoné éste acto pecaminoso. ¡Oh, Señor! Si cometí éste acto buscando tu divina complacencia, perdónanos…» Sáquenos de éste aprieto en el que nos encontramos", dijo.

La enorme roca se movió un poco más, pero aún así no pudieron escapar.

Entonces el otro amigo comenzó a orar: «¡Oh Señor! Empleé a muchos trabajadores y les pagué su salario diariamente. Un día, por alguna razón, un trabajador se enojó conmigo y se fue sin cobrar. Aparté su salario. Esperé cinco o diez días, esperando que regresara. Como no regresó, compré una oveja con su dinero y la envié al rebaño junto con mis propias ovejas. Pasaron los años. Ésta oveja parió, y sus corderos crecieron; ellos también parieron. En resumen, años después, tenía un rebaño de ovejas, vacas y camellos, cuando un día aquel trabajador regresó. Me pidió el resto de su salario. Reuní todas las ovejas, vacas y camellos que le pertenecían y le dije: “Ésto es lo que te debo; tómalo”. El hombre me miró con vacilación. Pensando que me estaba burlando de él, dijo: “¿Te estás burlando de mí?”» Le expliqué lo sucedido. «Éstos son todos los frutos de vuestro trabajo de aquel día, que dejasteis sin recibir; tómalos». Dicho ésto, los recogió todos y se los llevó. En cuanto dijo: «Si he hecho ésto por vosotros, es para salvarnos de éste desastre en el que nos encontramos», la enorme roca se apartó. Entonces se marcharon y siguieron su camino.

<Éste incidente es digno de mención para todos nosotros.>

En un Hadiz narrado por Bayhaqi, (que su secreto sea santificado), un hombre preguntó a nuestro Profeta, (la paz y las bendiciones sean con él): "¿Qué es la fe?", y él respondió: "La sinceridad".

Cuando dijo: «Y Allah Todopoderoso dice: “Yo infundo sinceridad en los corazones de mis amados siervos”», aquella persona respondió: «Así pues, sólo nos queda un camino: hacernos amados por Allah Todopoderoso», y se marchó.

Para ello, la maquinaria islámica cuenta con cinco pilares fundamentales que deben de operarse con regularidad.
1. La Creencia.
2. El Enseñar.
3. Las Transacciones legales.
4. La Negociación sincera.
5. El Ukûbât.
Si alguna de éstas partes falla, al igual que una máquina, un coche o un avión, el Islam también puede averiarse en la persona. Muchos son musulmanes solo de nombre, pero muy pocos alcanzan la sinceridad, la devoción y la lealtad auténticas.

Quienes tienen la fortuna de alcanzar la salvación, la felicidad y el bienestar se describen de la siguiente manera: Aquellos cuyos corazones son puros en la fe, cuyos corazones son sanos -es decir, corazones libres de enfermedades internas y externas como la hipocresía, la ostentación, la autoadmiración, el orgullo, la envidia, la codicia, el odio, la calumnia, el politeísmo, la discordia y la ira- y cuyas lenguas son veraces en sus palabras, jamás se desviarán de la verdad y la rectitud. Aquellos cuyas almas han alcanzado el nivel de tranquilidad y que poseen un carácter noble, que siempre escuchan las palabras de la verdad y miran los versículos divinos con ojo perspicaz, cuyos oídos memorizan las palabras beneficiosas que oyen y actúan conforme a ellas, y cuyos ojos contemplan los versículos divinos, interiorizándolos y beneficiándose de su consejo, éstos son los que han alcanzado la salvación y la liberación. El siervo cuyo corazón es preservado, es decir, cuyo corazón es protegido, tendrá un corazón justo, y estará a salvo de las calamidades.

<En efecto. Porque se sabe que cuando el corazón está bien, el cuerpo también estará bien.>

Por lo tanto, la sinceridad reside en el corazón. Cuando el corazón es puro, todo lo demás se vuelve puro. Aquellos individuos distinguidos y afortunados a quienes llamamos «santos» se han convertido en santos únicamente como recompensa por su capacidad de preservar sinceramente los cinco pilares del Islam en sus corazones. En éste caso, todos los milagros están a su disposición, cumpliendo Sus mandamientos y deseos. No hay necesidad de coacción. La tarea consiste en conocer bien los fundamentos del Islam y preservarlos.

Que Allah, en Su Gracia y generosidad, nos perdone a todos y nos acepte entre Sus siervos sinceros. Amin. Y alabado sea Allah, Señor de los mundos, y la paz y las bendiciones sean sobre nuestro maestro Muhammad, su familia y todos sus compañeros. En cada mirada y aliento, según el número de todas las cosas que Tú conoces.

Assalamo Aleikum.
_____________
Notas:
-Al-Ghazzali, IV, 377.
-Al-Ghazzali, IV, 378.
-Al-Ghazzali, IV, 382.
Ibn al-Jawzi, Talbis, págs. 43-44.
Hadiz narrado por Ibn Umar. 
Sahih Bujari, «Anbiya», 52; «Buyu'», 98; 
Sahih Muslim, «Dhikr». 
Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), en Tabarani, al-Mu'jam al-Awsat, III, 54, r. 2454.
Bayhaqi, Shu'ab al-Iman, V, 342, r. 6857-6858;
Ahmed b. Hanbal, IV, 270, r. 18398; Sahih Bujari, "Imán", 37; Sahih Muslim, "Musakat", 107.
------------