LA VIOLENCIA es como una carrera contra uno mismo.
En la actualidad, parece que la gente del mundo quiere doblegar a los demás a cualquier precio.
Seré claro y directo, aunque os parezca duro.. os guste o no.
La violencia que ejercen es una carrera contra ellos mismos. Tarde o temprano vuelve, y es probable que les destruya.
Vamos a tratarla con calma, sin adornos ni aventuras ficticias.
¿Por qué la violencia es una carrera contra uno mismo?
A. Ganas hoy, pero pierdes mañana.
La violencia da una ventaja inmediata: impone, silencia, toma. Por eso tienta. Pero te mete en una carrera que nunca termina. Si hoy pegas para resolver, mañana necesitarás pegar más fuerte, porque el otro se adapta, responde, o porque tú yá cruzaste la línea y volver atrás te deja en exposición.
Ibn ‘Āṭā’ Allāh lo dice así: “Quien cabalga sobre el deseo, el deseo lo llevará hasta que lo tire”. La violencia es un deseo de poder rápido. Una vez que montas, te lleva ella a ti.
B. Cambia el sistema nervioso antes que el mundo.
Cada acto violento reprograma el umbral. Lo que ayer te parecía extremo, hoy es normal. Empiezas golpeando “por una razón” y terminas golpeando porque se convierte en tú lenguaje habitual. No vences al otro: te vences a ti mismo. Pierdes la capacidad de negociar, esperar, hablar. Te vuelves esclavo de una sola herramienta.
C. Creas enemigos donde no los había.
La violencia no termina cuando das el golpe.. ahí empieza la cuenta. La familia del herido, el amigo del humillado, tu propia culpa. Dormir con la puerta cerrada, mirar atrás en la calle, desconfiar. Eso no es victoria. Es una cadena perpetua autoimpuesta.
KIFARAH: “Todo vuelve”: la ley de retorno no necesita ningún misticismo, pues no hace falta hablar para entenderlo. Hay tres mecanismos concretos:
1. Retorno social: Las comunidades se defienden. Si siembras el miedo, la comunidad tarde o temprano te aísla o te neutraliza. Bandas, estados, vecinos: el patrón se repite.
2. Retorno psicológico: Los estudios en trauma muestran que el perpetrador de violencia sufre las tasas más altas de ansiedad, insomnio, abuso del alcohol y suicidio. No es castigo divino. El cerebro humano está cargando con lo que hizo.
3. Retorno práctico: La violencia cierra puertas. Trabajo, pareja, amistad. Nadie construye a largo plazo con quien resuelve todo a golpes. Al final te quedas solo, y la soledad es un lugar donde se muere rápido.
Rūmī lo resume en una línea: “Haces un pozo para otro, pero caes tú primero”. “Y probablemente morirás”: el dato frío son las estadísticas que son tercas. La esperanza de vida de quien vive de la violencia es baja. No por maldición, por probabilidad. Más conflictos = más exposición al riesgo. Más enemigos = más ventanas para que uno acierte. Más soledad = menos gente que te saque del hospital.
Al-Ghazzali lo veía como una ecuación: “Quien toma el camino corto para ganar, toma el camino largo para perder”. La violencia es el atajo que te deja lejos.
Entonces, ¿qué hacer si yá estás en esa carrera?
Si reconoces ésto en ti o en alguien cercano, salir no es con un discurso moral. Es con estrategia:
Paso 1: Parar el impulso. Se puede hacer en 6 segundos.
La Neurociencia básica dice: que entre estímulo y el impulso violento hay una ventana de 6 segundos. Respirar, salir, lavarte la cara. No eres débil por frenar. Eres táctico.
Paso 2: Nombra el costo real.
Escribe en un papel: qué gané la última vez que usé violencia, y qué perdí en los siguientes 6 meses. El nafs miente con el recuerdo. El papel no.
Paso 3: Cambia de campo.
La fuerza que usas para dominar sirve para proteger, construir, sostener. Boxea, trabaja, carga, protege a alguien. El rūḥ no quiere que seas débil. Quiere que tu fuerza tenga un control y que seas el dueño, no que te gobierne tu ira.
Paso 4: Responde por el daño.
Sin pagar la cuenta, la carrera no se detiene. Reparar, pedir perdón, asumir la consecuencia legal. No es humillación. Es bajarte del caballo antes de que te tire.
La alternativa no es ser presa.
Ésto no es pacifismo ingenuo. Defenderse es lícito. Poner límites es sano. La diferencia está en la intención y el método. El sabio usa la fuerza para detener el daño. El violento usa el daño para sentir fuerza.
Ibn ‘Arabī decía: “La espada del sabio está en la vaina. La del ignorante está siempre fuera”. La tienes, pero no te tiene.
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Síntesis: La violencia promete poder inmediato pero se cobra con tu futuro. Es una carrera donde el único premio es llegar antes a tu propia ruina.
Si estás en ese camino, aún puedes bajarte. Si conoces a alguien que va en él, no lo animes. Eso no es valentía. Es llevar más velocidad contra un muro.