LA ESPIRITUALIDAD ES ACTIVA, NO COERCITIVA.
(Parte primera)
Éstos significados dan cuenta de la riqueza inherente en la cuestión, pero también es un síntoma: sobre la dificultad de captar la idea para absorber su esencia. Ésta pluralidad de significados no se pueden interpretar como sinónimo de ambigüedad, sinó como una expresión de la riqueza que tiene la noción "activa" y la carencia de "coerción" que se escapa de todo análisis simplista. Con lo espiritual, uno siempre tiene la impresión de no llegar a decirlo todo, de que el tema se nos escurre entre los dedos, como la fina arena del desierto. No pretendemos, ni mucho menos, dilucidar exhaustivamente la riqueza de los significados que atesora la citada palabra, pero es honesto intelectualmente precisar, (aunque sea provisionalmente), el significado que le otorgamos aquí, puesto que sólo si se delimita se puede clarificar en qué consiste el educar e instruir en lo espiritual, y especialmente para la Espiritualidad de los jóvenes.
Para algunos especialistas, lo espiritual se asocia vagamente a lo moral, a lo ético. Se entiende que una persona es espiritual cuando cumple con la voz de la consciencia, cuando responde al deber que dimana de su interioridad. Ésta asociación de ideas no me parece adecuada, pues muchas personas, (que de verdad viven a fondo el sentido del deber y cumplen con sus múltiples responsabilidades), son ajenas a las prácticas espirituales y creen que es posible defender una ética estrictamente laica, sin correlatos religiosos, y también al margen de la vida espiritual.
Aun así, considero que la ética, cuando se vive profundamente, tiene que ver con la consciencia del deber, el sentido de la misión, la capacidad de tomar distancia, de valorar y de discernir, y todo ello son poderes que están en la inteligencia espiritual. La inteligencia espiritual es un instrumento de primer orden para apreciar más el valor de las cosas y la dignidad de las personas y, (en éste sentido), no puede identificarse con la ética, pero es una consecuencia de la actividad de la misma.
Las personas espiritualmente sensibles, que están atentas a los seres que las rodean, que perciben su ser como parte de un Todo y que experimentan la unidad total, desarrollan una conducta de valores fundada en la benevolencia universal y en la práctica de la compasión. Los grandes referentes espirituales de la humanidad se caracterizan en su vida exterior por una ética fundada en el desapego, el amor universal, la gratuidad y la compasión con todos los seres. Existe, por lo tanto, un hilo corto entre la espiritualidad y la ética, pero la espiritualidad trasciende el campo de la ética y no puede reducirse solamente a ésta.
Lo espiritual se relaciona, también, con la conexión con todos los seres. Evoca la idea del vínculo, del lazo con la realidad ajena al ser humano, pero también con lo más íntimo y profundo de él. Ésta noción me parece mucho más idónea. Un ser humano espiritualmente profundo no se percibe como una entidad autosuficiente, separada del mundo, como una burbuja inconexa que flota en el aire a merced del viento. Se siente parte del Todo, vinculado estrechamente a todo ser; sabe que forma parte de la vida y que su ser espiritual está vinculado y abierto a los otros.
La espiritualidad evoca, pues, la idea de vínculo, de conexión, pero no en el sentido de dependencia o de apego. Para un ser humano espiritualmente profundo, nada de lo que ocurre en el mundo le es ajeno, no sólo por el sufrimiento de todos los seres humanos, incluso de los más alejados físicamente, sinó también por el sufrimiento de cualquier ser vivo.
Otra noción que se relaciona directamente con lo espiritual es la idea del sentido, del propósito, del significado de la existencia. Una persona
espiritualmente activa se formula la cuestión del sentido, la razón última que da significado y valor a su existencia personal. Ésta cuestión es particularmente humana y exige la labor de la inteligencia para tratar de responderla prudentemente a partir de la propia experiencia, pero también a partir de las experiencias ajenas. La inquietud espiritual es la inquietud por el sentido, por dar a la vida un significado, una razón que la homologue.
Es propio de un ser humano (espiritualmente cultivado) la voluntad de trascender a lo inmediato, de ir más allá de lo visible, de lo aparente, y de hurgar en lo que está allende lo físico y lo material. Ésto no presupone, en ningún caso, el desprecio por lo material, ni por lo sensible, por lo que percibimos con los ojos, sinó todo lo contrario, conlleva una estima más profunda por lo sensible, porqué en lo efímero se detecta lo eterno. Un ser humano espiritual trata de averiguar qué es lo que se esconde más allá de lo visible, qué sugiere lo perceptual. Entiende la realidad material como un signo visible de la Realidad inmaterial, que lo funda y lo sostiene todo.
Lo espiritual no puede segmentarse, dividirse o tratarse aisladamente como si fuera una competencia, una parte o un área del ser humano. En éste sentido, no me parece apropiada la expresión sobre la competencia espiritual. Reconozco en el ser humano una potencia espiritual que dimana de ésta forma de inteligencia que se denomina Espiritual o Existencial, pero no tiene sentido identificar aisladamente una competencia espiritual y situarla en un plano de unas simetrías junto a otras competencias, en un plano de equidad. Todas las potencias humanas están profundamente vinculadas.
La denominada competencia emocional no puede comprenderse al margen de la vida espiritual de una persona, pero tampoco su competencia social.
Una persona espiritualmente activa e inteligente es capaz de identificar emociones, de canalizar sus emociones negativas y también de expresar creativamente sus emociones positivas, (y sus relaciones con las otras personas) están presididas por la benevolencia, la compasión, la gratuidad y el desapego. Éste modo de interaccionar emana de su vida espiritual.
Lo espiritual predica del ser y no se puede ubicar en un ámbito concreto de la persona. También me parece extraño, casi diría estéril, intentar medir el grado de inteligencia espiritual que tiene una persona a partir de un algún coeficiente numérico supuestamente objetivo. Lo espiritual no puede ser encorsetado dentro de lo numérico, dentro de una escala cuantitativa. Es la calidad interior y exterior de un ser humano, su modo de vivir y de interaccionar con los otros lo que evoca el grado y la profundidad de la vida espiritual que hay en él. En éste sentido, cuando los especialistas se refieren a la inteligencia espiritual, argumentan que se trata de una inteligencia integradora que faculta al ser humano para distintas operaciones, pero me parece que reducirla a un coeficiente numérico es tratarla como una competencia más.
Según un grupo de pensadores evolucionistas, la espiritualidad es una calidad seleccionada en la evolución biológica de la humanidad y, por ello, es una predisposición humana universal. Indica un grado de excelencia en la cadena evolutiva, un salto cualitativo que permite al ser humano tener conciencia de su existencia, tomar distancia de la realidad, preguntarse por el sentido de su vida, valorar sus actos, proyectar su futuro, ser, en definitiva, el soberano de su vida y no un simple epígono de un proceso fatalmente dirigido por algunas fuerzas ciegas.
En la medida en que la espiritualidad es una predisposición primaria, es algo que se puede ver particularmente en los niños. Ésto necesita de un contexto cultural para poder crecer y en el que se reconozca su relevancia. Por ello, nuestra tarea como educadores, cada cual desde su perspectiva y desde su carisma, consiste en reconstruir ese entorno espiritual utilizando el cultural.
Mientras que, en gran parte de la literatura especializada contemporánea, la espiritualidad se relaciona directamente con los conceptos de relacionalidad y de conexión, en muchas tradiciones contemplativas y místicas, tanto de Occidente como de Extremo Oriente, se concibe como el vínculo con la Realidad última, con el Ser fundamental. Ésta Realidad última es descrita de distintos modos en las tradiciones religiosas de la humanidad. Más allá de la disputa nominal, se refiere a esa Realidad que es siempre idéntica a sí misma, que es el fundamento último de todo cuanto hay y que ningún ente agota en su naturaleza, pues todo cuanto hay en el universo es sostenido y vivificado por esa Realidad.
Tener consciencia es una expresión que puede interpretarse de múltiples maneras. No es la consciencia del "yo" la que aquí se pone en debate, sinó la de formar parte de un Todo que me trasciende, la de existir, pudiendo no haber existido, la de ser un proyecto libre que goza intensamente del presente y vive con atención plena a todo lo que en éste presente tiene lugar.
(La empírica se da cuando la persona siente, percibe y se mueve, y lo espiritual también se denomina, en ocasiones, tener consciencia. Tener consciencia es una expresión que puede interpretarse de múltiples maneras, (como hemos dicho antes.) La parte intelectual se produce cuando la persona busca y entiende. La parte racional emerge cuando la persona reflexiona y valora, y la responsable es, cuando la persona actúa para responder a la llamada del otro.)
La educación de lo espiritual requiere, pues, de sensibilidad, de un sentido intuitivo para captar los momentos en los cuales los alumnos y los maestros necesitan espacio para expresar lo relevante, lo que da sentido. La dimensión espiritual existe en la escuela, pero no en un lugar o tiempo definido, ni está enjaulada en un área específica, sinó en la interacción entre los profesores y los alumnos.
(El vínculo es el que da vida a la dimensión espiritual. El saber transmitido puede ser un pretexto para formular la pregunta por el sentido de la existencia, una ocasión para maravillarse de la realidad, para sentirse parte de un todo e intuir la conexión o interdependencia íntima de todos los seres.)
<Frecuentemente se ha concebido a la educación como una actividad moral, como un puro ejercicio de adiestramiento ideológico perpetrado por los grupos dominantes de la sociedad. No cabe duda de qué, en ésta tesis, se reconoce una parte de su verdad histórica, pues ésta manera de entender la educación ha estado muy presente y sigue estándolo en algunos entornos educativos del glaciar.>
Sin embargo, la educación de lo espiritual, entendiendo lo espiritual como la búsqueda del sentido, es una ocasión para ejercer una lúcida crítica de las ideologías imperantes y para tomar conciencia de la propia existencia y del valor de la propia vida en el cosmos. Contra lo que comúnmente se afirma, educar la inteligencia espiritual es fundamental para alcanzar la autodeterminación, la capacidad de decidir y obrar por uno mismo, de convertir la vida personal en un proyecto individual y de integrarse en el conjunto de ese cosmos.
De lo que no cabe duda, es de que la espiritualidad de cada persona, también la de cada joven y niño, está en constante reconstrucción en virtud de las circunstancias personales y del entorno en el que se encuentra. La espiritualidad no es un dato extrínseco o ajeno a la personalidad; es un rasgo del ser de la persona que emana de lo más profundo de la persona. Ésto no significa, sin embargo, que sea algo innato, determinado biológicamente. La espiritualidad se canaliza a través de los esquemas de creencias existentes en el contexto social y cultural al que pertenece el individuo.
De ésta breve panorámica se desprenden dos ideas claves: una) que la dimensión espiritual es activa y puede ser alimentada si los educadores disponen de las técnicas apropiadas para atender ésta dimensión y conocen con seriedad las características de cada alumno; dos) que la espiritualidad es conexión, trascendencia y consciencia. Quizá la definición más exhaustiva de la espiritualidad que integra las distintas comprensiones expuestas a lo largo de éste escrito, se encuentran en la definición de que la Espiritualidad es la dimensión dinámica de la vida humana que concierne al modo a través del cual la persona (individuo y comunidad) experimenta, expresa o indaga el sentido de su existencia; y el modo en cómo se relaciona con el momento presente y consigo misma, con los otros, con la naturaleza, con Allah y con aquello que es significativo o sagrado.
Continúa en parte segunda.